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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4269

—Papá, ¿mamá está cocinando sola? —preguntó Laín para romper la tensión.

Aspen fulminó a Nano con la mirada por unos segundos más antes de responder, volviendo a su tono normal:

—Sí.

Miro se puso de pie:

—Iré a ayudarle.

Tesoro soltó a Nano:

—Yo también.

Nano, lanzando una mirada temerosa a Aspen, hizo el amago de seguirlos.

Pero Aspen los detuvo:

—Su madre nos prohibió intervenir; dice que está preparando una sorpresa para ustedes. No vayan.

Tesoro, ilusionada, exclamó:

—¡Qué sorpresa! ¿Qué delicias nos estará cocinando mamá?

Aspen se encogió de hombros:

—Ni la menor idea. No quiso revelar el menú.

Justo entonces, sonó el reloj inteligente de Nano. Era una videollamada de Samira.

El niño contestó de inmediato:

—Hola, mamá.

Samira preguntó desde la pantalla:

—¿Dónde estás, cariño? ¿Sigues en la casa de tu tía Carol?

Nano asintió y giró la muñeca para mostrarles a todos:

—Sí. ¡Mira, Tesoro, Laín y Miro acaban de regresar!

Laín y Miro la saludaron:

—Hola, madrina Samira.

Samira, gratamente sorprendida, exclamó:

—¡Chicos! ¿Cuándo llegaron?

Laín sonrió:

—Aterrizamos hoy mismo.

Samira se emocionó aún más:

—¡Y Carol no me dijo nada! ¿Le cayeron de sorpresa?

Laín rio:

—Exacto, queríamos darles una sorpresa a todos.

Samira sonrió a más no poder:

—¡Vaya que lo fue! Yo pensaba que no llegarían hasta Nochebuena. ¿Y qué están haciendo?

Laín respondió:

—Mamá está cocinando, y nosotros estamos en la sala.

Samira anunció sin dudarlo:

—¡Pues voy para allá ahora mismo! No saben cuánto los he extrañado.

Laín asintió:

—También te extrañamos. Nos vemos en un rato; pero no vengas muy rápido, ten cuidado en el camino.

Samira asintió con entusiasmo:

—¡Allá nos vemos!

Intercambiaron un par de frases más y terminaron la llamada.

Desde que Nano se había encaprichado con quedarse a dormir cerca de Tesoro en Jardín Número Uno, Samira y Orion también habían estado pasando largas temporadas en las residencias aledañas.

No pasó mucho tiempo hasta que llegaron en uno de sus lujosos autos.

Carol, que ya había sido avisada, salió de la cocina a recibirlos.

—¡Y todavía vienen en auto a pesar de estar tan cerca! Samira, ya estás en la etapa final de tu embarazo, deberías caminar un poco más.

Orion se bajó, abriendo la cajuela:

—No traje el auto por ella, lo traje porque con mis solas manos no podría cargar todo esto.

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