Entrar Via

¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4341

Aspen olfateó un par de veces y meneó la cabeza. —No huelo a nada.

Cauto inquirió: —¿De verdad no hueles nada?

Aspen asintió: —Sí, tengo la nariz completamente tapada.

Cauto frunció el ceño, rebosante de preocupación. —¿Tan enfermo estás?

Aspen respondió: —Es un resfriado, pero no puedo respirar por la nariz.

Cauto dejó escapar un ligero suspiro. —¡Qué pena das!

Aspen se rio de forma leve. —Un hombre de verdad no se deja doblegar por un simple resfriado.

Cauto refunfuñó: —Siempre tienes que hacerte el fuerte. Conmigo no necesitas fingir. Incluso si te vuelves tan delicado como una figura de cristal, jamás me burlaría de ti.

Aspen replicó: —Tranquilo. Cuando tú te conviertas en una figura de cristal, yo tampoco me habré vuelto frágil. Yo soy de roble.

En aquel entonces ambos eran apenas unos jovencitos. Aunque Aspen solía ser reservado, sí intercambiaba risas y bromas con Cauto.

La relación de Cauto con Aspen era muy distinta a la que tenían Abel y Gael.

Abel y Gael lo consideraban un hermano, pero a su vez lo veían como a un jefe.

Ante Aspen, ambos mantenían cierta distancia y reserva.

Pero Cauto no se guardaba nada; hablaba sin tapujos y con desparpajo.

Sus conversaciones solían parecerse a las que Aspen mantenía con Orión Hidalgo, donde ambos se lanzaban pullas sin piedad.

Después de un intercambio de bromas, Cauto preguntó con evidente emoción:

—Adivina qué te traje.

Aspen entrecerró los ojos y sentenció:

—Si me estabas pidiendo que olfateara, de seguro es algo de comer.

Cauto aplaudió. —¡Eres brillante! Acertaste a la primera. Ahora, ¿qué comida deliciosa crees que es?

Aspen se encogió de hombros. —Ni idea.

Cauto insistió: —Solo trata de adivinar.

Aspen: —No tengo cómo saberlo.

Cauto se quejó: —No seas aguafiestas, inténtalo.

Aspen: —... ¿Papas asadas?

Cauto negó efusivamente. —No.

Aspen: —¿Manzanas?

Cauto: —Tampoco. Odio las frutas; para mí no tienen valor nutricional.

Aspen: —¿Elotes?

Cauto seguía negando. —¡Frío, frío! ¡Los granos tampoco sirven para nutrir, igual que la fruta!

Aspen: —... ¿Pan casero?

Cauto exclamó: —¡No!

Aspen aventuró: —¿No me digas que trajiste huevos?

Los entrenamientos eran brutales, y al estar lejos de la civilización, ni los huevos eran un lujo diario.

Pero Cauto volvió a negar con la cabeza. —Tampoco, tampoco. Sigue adivinando.

Aspen meditó un momento. —¿Será pescado? ¿Te metiste al río a pescar?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo