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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4368

—Señor Bello, ¿alguien de la familia de Arthur se ha comunicado para pedirle disculpas e intentar negociar?

—Señor Bello, existen rumores de que fue usted mismo quien difundió el video del asesinato, ¿es cierto? Si es así, ¿cuál fue su propósito? ¿Por qué no presentó el video para probar su inocencia desde el momento en que la policía lo interrogó?

—Señor Bello, por favor, denos una declaración. ¿Qué piensa de todo lo que ha sucedido?

—¡Señor Bello, Señor Bello, Señor Bello...!

Los periodistas se empujaban desesperadamente por acercarse. Aspen Bello caminó con calma hacia su auto, cuya puerta ya estaba sostenida por su escolta.

A punto de subir, se detuvo un instante y reconsideró.

Permaneciendo junto al vehículo, clavó la mirada en la multitud y, con una voz imperturbable, declaró:

—No juzgues un panorama sin conocer todos los detalles. Aquellos que se dedicaron a condenar a mi país sin siquiera saber la verdad, han demostrado ser ingenuos y completamente ignorantes.

—Les advierto a los críticos del extranjero: aprendan a callar la boca. No lancen juicios infundados, o tarde o temprano las consecuencias caerán sobre sus propias cabezas.

—Errar es humano, rectificar es de sabios. Si han cometido un error, lo digno es disculparse abiertamente. La gente de Puerto Rafe es generosa; si sus disculpas son genuinas, es posible que los perdonen.

—En cuanto a las empresas de la familia de Arthur, tomaré el control de ellas. Todo se ha manejado por los canales legales pertinentes. Con los representantes gubernamentales y policiales de ambos países como testigos, no les daré ningún margen de maniobra. Soy un empresario, no un santo; no derrocharé ni un gramo de compasión en ellos.

—Por otra parte, me gustaría darle un consejo final a la familia de Arthur: la persona que los empujó al abismo no fui yo, Aspen Bello, sino aquellos que los alentaron a cometer esta locura.

—Hagan un análisis profundo: la mano que los convenció de firmar ese acuerdo es, en realidad, la de su verdadero enemigo.

—Y también quiero enviar un aviso a todos aquellos que se encuentran en alianzas similares a las de la familia de Arthur: ábranse bien los ojos, y determinen si están durmiendo con amigos o con monstruos.

—Para rematar, no existe ninguna persona u organización que sea invencible. El mundo da vueltas y todo está sujeto al cambio.

Tras concluir su discurso, Aspen se adentró en el vehículo y el convoy abandonó el recinto.

Esa declaración iba dirigida, sin lugar a dudas, a ellos.

Para la organización, lo ocurrido con la familia de Arthur era una advertencia brutal: solo eran simples peones, carne de cañón lista para ser descartada en el momento oportuno.

Y lo que era más importante: pretendía dejarles claro a esos peones que sus líderes no eran dioses, y mucho menos capaces de garantizar su protección.

El objetivo de Aspen Bello era infiltrar esa idea en sus mentes.

Una vez que el pánico se instaura en un grupo, la lealtad se hace pedazos.

Cuando se planta la semilla de la desconfianza, es imposible erradicarla; solo puede florecer y devorarlo todo.

Apenas el auto lujoso se alejó unas cuadras de la comisaría, el teléfono de Aspen sonó.

Echó un vistazo al identificador de llamadas, frunció el ceño con sutileza y contestó.

—Dime.

Al otro lado de la línea estaba Siluro. Dado que cuidaba de un pez gigante y carnívoro, Aspen Bello le había puesto ese apodo en su mente.

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