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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4369

Aspen Bello respondió:

—Si decido cooperar o no, es algo que no discutiré contigo. Ese honor no se lo voy a conceder a un don nadie como tú.

La respiración del hombre se agitó. —¿A mí, un don nadie?

Aspen: —Sí.

El hombre soltó una carcajada llena de rabia.

—¡No tienes la menor idea de la jerarquía que ocupo en la organización, y te atreves a llamarme un don nadie!

Aspen inquirió: —Si eres tan importante y ya nos conocemos, ¿por qué los de arriba no te enviaron a ti para negociar conmigo directamente?

El sujeto afirmó: —¡Precisamente por mi relevancia los de arriba me impiden acercarme a ti! ¡El que va tras de ti, acaba muerto!

Aspen contraatacó: —¿Entonces me estás diciendo que el guardia de Ricardo Rojas también morirá?

El hombre se extrañó. —¿Tú sabes quién va a negociar contigo esta vez?

Aspen: —Sí, lo sé.

El hombre preguntó: —¿Te llamó?

Aspen: —No.

Aún más confundido, inquirió: —¿Y cómo te enteraste?

Aspen: —Asunto mío, no te incumbe.

El hombre empezó a sospechar. —¿Tienes a un infiltrado entre nosotros?

Antes de que Aspen pudiera responder, el sujeto se corrigió: —Imposible, no sabes nada de nuestra estructura, no puedes tener a nadie. ¿Quién te pasó esa información?

Aspen contestó con sorna: —Alguien de su bando, obviamente.

El hombre frunció el ceño con fuerza.

—Eso es falso. En este preciso momento, nadie más que ese 'Heredero' y yo debería estar en contacto contigo.

Aspen le lanzó el dardo envenenado:

—Te equivocas. No solo se comunicaron conmigo, fueron varios. Para su grupo soy como un trofeo; todos quieren sacar ventaja de mí.

—Porque para ustedes, el que logre convencerme de colaborar se lleva todo el mérito, ¿no es así?

—Y con semejante mérito vienen recompensas monumentales.

—¡Hay demasiados interesados en robarse ese protagonismo!

El hombre se mantuvo firme en su negación:

—Imposible. Las reglas son claras: aparte de mí y del encargado de la negociación directa, ¡nadie más tiene autorizado contactarte!

Aspen arremetió: —Piénsalo un poco. Si, como dices, solo ustedes pueden llamarme, ¿cómo rayos me enteré? Ni tú me lo dijiste, ni tampoco el guardaespaldas de Ricardo Rojas. Alguien tuvo que haber abierto la boca.

Sin darle la oportunidad de responder, Aspen remató:

—Dale un par de vueltas a eso.

Dicho esto, colgó abruptamente.

Aspen Bello sonreía ligeramente. Su intención era sembrar el caos y la paranoia dentro de las filas enemigas.

Solo cuando el grupo estuviera envuelto en desconfianza absoluta cometerían un error fatal.

Pero al mismo tiempo, la incógnita lo atormentaba: ¿Quién había sido el que le llamó hoy para revelarle la información?

Al principio sospechó que podría ser Siluro, pero a juzgar por la reacción, evidentemente no era él.

Sin embargo, el tono arrogante y la forma en que estructuraba las frases se sentían idénticos a los de Siluro.

Tampoco podía ser Manuel. Para empezar, él jamás usaría ese tono altanero para hablarle, y menos lo llamaría "perverso".

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