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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4379

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Ledo no movió un músculo, y Cano tampoco se atrevió a salir de su escondite.

La habitación permaneció en absoluto silencio durante un largo rato hasta que, finalmente, se escuchó un leve crujido desde la esquina.

El chiquillo volvió a acercarse a Ledo con máxima precaución. Alzó una mano y la agitó suavemente frente a su rostro.

Ledo, simulando estar inmerso en un sueño profundo, dio un giro brusco, lo que sobresaltó al visitante.

El muchachito retrocedió rápido, pero Ledo, de forma disimulada, estiró una pierna para bloquearle el paso.

Sin embargo, el niño esquivó el obstáculo con una agilidad impresionante y, lo más asombroso, esta vez, a pesar de que el movimiento fue apresurado, no emitió ningún sonido.

Ledo entrecerró los ojos y observó todo a través de una pequeña rendija, aplaudiendo internamente.

No hacer ruido en un barco de acero como aquel era una hazaña formidable.

«¡Este chico no es broma!» pensó.

Con razón había logrado burlar a todos esos matones para colarse en el cuarto.

Después de poner a prueba las habilidades del intruso, Ledo decidió ignorarlo para ver cuáles eran sus intenciones.

El niño, convencido de que Ledo seguía durmiendo, comenzó a escudriñar la habitación.

El lugar era una bodega llena de trastos viejos y herramientas desechadas.

El chiquillo buscaba algo con desesperación, revolviendo cada rincón con cuidado.

Tras revisar todo, no encontró lo que quería.

Frunció el ceño, claramente decepcionado, y se preparó para salir e inspeccionar otras áreas del barco.

Pero antes de siquiera llegar a la puerta, el eco de unos pasos lo alertó y volvió a esconderse a la velocidad del rayo.

Un guardia abrió la puerta de un golpe, echó un vistazo rápido para asegurarse de que Ledo seguía allí, y volvió a cerrar antes de marcharse.

En ese instante, Laín le pidió a Pink que le pasara un mensaje, preguntándole a Ledo cuándo pensaba regresar.

Ledo, aprovechando el movimiento para rascarse, sacudió levemente la cabeza y con la mirada le indicó a Cano que respondiera:

«No puedo volver todavía. Hay un asunto interesante aquí, más tarde te doy detalles.»

Tras dar la orden, Ledo se acomodó dándole la espalda al niño.

Encogido en posición fetal sobre el piso de metal, movió los labios sin emitir sonido para instruir a Cano:

—Síguele el rastro cuando salga. Quiero saber qué trama. Después arrincónalo para que tenga que volver aquí.

Cano captó el plan, asintió sacando la lengüita y esperó.

La habitación volvió a quedar en silencio, y el visitante misterioso emergió nuevamente de entre la chatarra.

Comprobó por última vez que Ledo siguiera roncando antes de acercarse a la puerta y asomarse por una ranura.

Desde ese ángulo, Ledo lograba distinguir las sombras de dos guardias en el pasillo.

Pero el niño no parecía intimidado.

Golpeó levemente el panel de acero, y afuera se desató el caos en segundos.

—¡¿Qué diablos es eso?! ¡En el agua! ¡Hay algo en el agua, y está chillando como humano!

—¡¿Qué estupidez dices?! ¿Tú también lo estás viendo?

—¡Lo juro! Tiene cabello... parece... parece una sirena. Lleva ropa de colores brillantes y es inmensa.

—¡Deben estar alucinando!

—¡Te digo que yo también lo vi!

—¡Es verdad, yo igual!

—¿No será otra trampa del niñato de la bodega?

—Imposible, acabo de revisarlo, sigue dormido como un tronco.

Un grupo de matones corrió hacia la bodega, y el intruso volvió a esfumarse entre la chatarra.

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