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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4448

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Era obvio que ese día no faltarían los hombres buscando audiencia con Don Franco, y alguien tenía que manejar la situación.

Además, una búsqueda liderada por Ledo y Cano sería infinitamente más rápida y eficiente que cualquier cosa que él pudiera hacer.

La decisión de enviar a Gael como escolta se basaba estrictamente en la seguridad.

Aunque las habilidades de combate de Gael no igualaban la monstruosa fuerza de Ledo, su conocimiento profundo del terreno, adquirido durante años de misiones clandestinas en esa región, lo convertía en el compañero ideal.

Nadie conocía las sombras y los peligros de ese lugar mejor que él.

Ledo intentó rechazar la oferta.

—No hace falta, yo puedo hacerlo solo. Papá, tú no estás acostumbrado a lidiar con esta gente. El tío Gael debería quedarse contigo. Él sabe cómo manejarlos, así no tendrás problemas cuando empiecen a hacer exigencias ridículas.

Aspen se mantuvo firme en su decisión, sin ahondar en detalles.

—Afuera es un infierno comparado con esta habitación. Si me quedo aquí, seré el centro de atención y absorberé toda la presión. Vayan. Mantengan un perfil bajo y traten de borrar sus huellas.

Ledo asintió, comprendiendo la estrategia.

—De acuerdo. Tío Gael, en marcha.

Gael asintió con un simple «Mhm» y le entregó un celular nuevo a Aspen.

—Ya lo configuré con máxima seguridad. Llámame en cualquier momento si las cosas se complican.

Aspen lo tomó.

—Hecho. Tengan cuidado allá afuera.

Gael asintió y salió rápidamente de la habitación, seguido de cerca por Ledo.

Apenas la puerta se cerró tras ellos, Aspen marcó el número de Miro para obtener un reporte en tiempo real de la seguridad del complejo.

Miro respondió al instante:

—Ledo destrozó la cámara de la habitación de Don Franco, así que estamos a oscuras ahí dentro. Pero el resto está cubierto: dos cámaras en el pasillo, cuatro en la entrada principal, y más de diez distribuidas por los patios. Las demás habitaciones también están vigiladas. Yo seré tus ojos. A la menor señal de amenaza, te aviso.

—Perfecto —aprobó Aspen.

—Papá... ¿cómo van las cosas por allá? —preguntó Miro, su voz reflejando una leve inquietud—. Ledo me dijo que siguen sin tener pistas del abuelo menor.

—La situación está bajo control, pero, en efecto, seguimos sin rastro de él —admitió Aspen.

Miro frunció el ceño a miles de kilómetros de distancia.

—Eso no suena nada alentador.

Aspen soltó un suspiro apenas audible, ocultando su propia preocupación.

—No te abrumes con esto. Si necesito refuerzos, te lo haré saber. Tú concéntrate en cuidar de tu mamá y de tu hermanita.

—¡Entendido! —respondió Miro con firmeza.

Sin embargo, su tono cambió abruptamente un segundo después, volviéndose alerta y tenso.

—Papá... Mono Rojo acaba de llegar.

Aspen entrecerró los ojos.

—¿Ahora mismo?

—Sí —confirmó Miro—. Viene solo, pero trajo una camioneta repleta de guardaespaldas fuertemente armados.

—Enterado. Corto comunicación.

Tras colgar, Aspen dirigió su mirada hacia la puerta.

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