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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4452

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—¿De qué cueva hablas? —preguntó Gael, alerta.

Aspen le dio la ubicación exacta y le resumió los detalles más importantes de lo que le había contado Mono Rojo.

Gael frunció el ceño al escuchar la descripción.

—Es muy probable que sea él. Ledo y yo iremos para allá ahora mismo.

—Mono Rojo advirtió que el lugar es una fortaleza natural —añadió Aspen—. Dijo que la única ruta por tierra es un camino muy estrecho, como cruzar un puente colgante sobre un abismo. Manda a Cano primero para que revise. Si confirma que el abuelo menor está adentro, entonces entren ustedes.

—Entendido. ¿Mono Rojo ya se fue? —quiso saber Gael.

—No. Me juró lealtad y se quedó en el primer piso para encargarse de cualquiera que venga a buscar problemas —respondió Aspen.

—Ese tipo es astuto y tiene labia. Dejar que él sea el filtro y lidie con esa gente es la mejor jugada. Te ahorrará muchos dolores de cabeza.

—Así es —coincidió Aspen.

Poco después de terminar la llamada, uno de los mercenarios de Don Franco tocó la puerta con insistencia y entró apresurado.

—Señor Bello, los guardias del perímetro informan que una caravana de decenas de camionetas se dirige hacia aquí. Identificaron a Don Kaleb, a los militares que protegen los negocios de Don Jota, y a otros capos importantes. Vienen armados hasta los dientes. ¿Cuáles son sus órdenes?

Antes de que Aspen pudiera responder, Mono Rojo irrumpió en la habitación, confirmando la emergencia.

—...Traen a todo un ejército con ellos. Vienen listos para la guerra, ¡no hay duda de que buscan sangre! ¡Tenemos que prepararnos para un enfrentamiento total!

Aspen asintió con calma y se dirigió al mercenario:

—Diles a todos los hombres que se pongan en alerta máxima. Que estén preparados para abrir fuego a la menor provocación.

—¡Sí, señor! —El soldado dudó un segundo—. ¿Los dejamos entrar a la residencia?

—Que se queden en la planta baja por ahora —ordenó Aspen.

Luego, fijó su mirada en Mono Rojo.

—Cuando se calmen y estén dispuestos a hablar como personas civilizadas, déjalos subir. No te contengas con ellos, muéstrales los dientes. Y no te preocupes por tu seguridad; mis francotiradores no fallan.

Mono Rojo asintió, sintiéndose respaldado.

—Entendido.

El mercenario también asintió y salió disparado a organizar la defensa.

Aspen aprovechó para hacer una última llamada a Gael.

Gael y Ledo ya iban a toda velocidad hacia la cueva que Mono Rojo les había indicado.

—Dime, Aspen —respondió Gael al instante.

—¿Ya te comunicaste con la policía fronteriza sobre lo que hicimos con Don Franco? —preguntó Aspen.

—Sí, ya están al tanto. La policía envió refuerzos para respaldarte; deberían estar a punto de llegar —informó Gael.

¿Hay agentes encubiertos? —preguntó Aspen.

—Debería haberlos —respondió Gael.

—Don Kaleb y los demás vienen hacia acá. ¿Hay gente de la policía entre ellos? —quiso saber Aspen.

—...Dame un segundo, déjame confirmarlo.

Gael cortó la llamada, pero a los pocos minutos volvió a marcar.

—Acabo de revisarlo. Puedes prestar atención a un hombre apodado Loco; él trabaja directamente para Don Jota, pero es de los nuestros. También hay otro llamado Mosquito, que va en camino con el grupo de asalto; también es uno de los nuestros, aunque por ahora solo tiene rango de sicario, no tiene tanto peso como Loco.

—Entendido —respondió Aspen.

—Las autoridades fronterizas ya aprobaron tu autorización especial. Te dieron luz verde para actuar como creas conveniente; ellos se encargarán de limpiar cualquier desastre burocrático que dejes a tu paso —añadió Gael.

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