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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4489

Aspen lo miró confundido. —¿Por qué tendríamos que cambiar de estilo?

Leandro soltó una risa nerviosa. —Porque con el buen ver que tienen los dos, tengo miedo de que Kuno quiera pasarse de listo con ustedes.

Aspen y Gael se quedaron en silencio absoluto. Sus miradas habrían podido congelar el infierno.

Aspen cortó la tensión de tajo. —¡No hace falta!

Leandro asintió rápidamente y tragó saliva.

—De acuerdo, pero vayan mentalizados. Si ese tipo empieza a hacer comentarios fuera de lugar, traten de no romperle la cara a la primera. Cuando hablen con él, mantengan una distancia prudente.

Aspen apretó los labios con desagrado. Gael frunció el ceño con asco.

Las expresiones de ambos dejaban muy claro el mensaje: *Si ese infeliz se atreve a abrir la boca, lo matamos allí mismo.*

Unos minutos después, el teléfono de Leandro sonó. Era Guido, y sonaba eufórico.

—¡El jefe me contestó! ¡Dice que quiere saber cómo es eso de forrarse de billetes!

Leandro dejó escapar el aire que retenía en los pulmones. *Había mordido el anzuelo.*

Leandro adoptó su tono servil. —Hermano, eso lo tienen que hablar en persona el Señor Bello y tu jefe.

Guido respondió apresuradamente:

—¡Pues vengan ahora mismo! Voy en camino a su casa, el jefe me mandó llamar. Se nota que le interesó muchísimo. Tenías razón, no me estabas engañando.

Leandro sonrió. —...Somos hermanos, ¿qué gano yo con engañarte? Vamos para allá de inmediato. Oye, por cierto, ¿fue Kuno quien pidió que fuéramos?

Guido bajó la voz un poco. —No exactamente. Solo siente curiosidad por saber de qué trata el negocio. Pero vengan de todos modos, yo lo conozco, sé que estará dispuesto a recibirlos.

Leandro asintió. —Perfecto.

Al colgar, los tres hombres se pusieron en marcha hacia la residencia de Kuno.

Mientras tanto, en la casa del capo, Kuno recibió a Guido con el ceño fruncido.

—Guido, más te vale que no me estés diciendo tonterías.

Guido se acercó y se apoyó con familiaridad en él.

—Jamás me atrevería a mentirte. Además, sabes que no lo haría. Podré ser un poco torpe, pero nunca me pondría del lado de los de afuera para perjudicarte. Yo soy tuyo, nosotros somos familia. Los demás no son nadie.

Kuno soltó una carcajada y le acarició la mejilla.

—¿Sabes por qué eres el único de más de treinta años que sigue a mi lado? Porque me importas, y porque sé que me eres leal.

Guido sonrió con devoción. —Siempre te seré leal. Aunque un día te canses de mí, nunca olvidaré todo lo que has hecho. Si no fuera por ti, esos animales de allá afuera ya me habrían hecho pedazos. Sé muy bien dónde está mi lealtad.

Kuno asintió, visiblemente complacido. Luego cambió de tema.

—¿Y hablaste con Leandro? ¿De qué trata ese gran negocio?

Guido negó con la cabeza. —Le pregunté, pero dijo que esos son detalles que el Señor Bello tiene que hablar directamente contigo. Ya les dije que vinieran.

Kuno entrecerró los ojos peligrosamente.

—Ni siquiera sabías si yo iba a acceder a verlos, ¿y ya los invitaste a venir?

Guido le restó importancia al tono de reproche.

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