Leandro asintió de inmediato con una amplia sonrisa. —¡Claro que sí!
Con un sutil movimiento de cabeza, Leandro les hizo una señal a Aspen y a Gael, y los tres comenzaron a caminar hacia el interior del recinto.
Al entrar al patio principal, varios hombres armados se les acercaron para cachearlos.
Los tres sabían perfectamente que este era el protocolo de rutina en cualquier base del cártel, así que no opusieron resistencia.
Los sicarios de Kuno les confiscaron todas las armas antes de finalmente abrirles la puerta hacia el salón principal.
Adentro, Kuno estaba recostado perezosamente en la silla principal de una gran mesa, bebiendo mientras observaba a un grupo de chicos que bailaban para él en el centro del salón. Llevaba ropa casual y una actitud sumamente arrogante.
Guido dio un paso al frente para presentarlos. —Jefe, el Señor Bello está aquí.
Kuno entrecerró los ojos para enfocar a Aspen y a Gael. En el instante en que sus miradas se posaron en ellos, sus ojos brillaron con descarada fascinación.
Sin esperar a que nadie más hablara, agitó la mano hacia los bailarines.
—Fuera, fuera, lárguense todos. Voy a hablar de negocios importantes con el Señor Bello, no quiero que nadie nos interrumpa.
Los jóvenes asintieron asustados y salieron a toda prisa de la habitación.
El lugar quedó en absoluto silencio.
Kuno se levantó, esbozando una sonrisa lasciva, y caminó lentamente hacia Aspen.
—Así que usted es el famoso Señor Bello.
Leandro intervino rápidamente, tratando de mantener la formalidad.
—Jefe Kuno, es un honor. Yo soy Leandro, este es mi jefe, Aspen Bello, y él es mi compañero, Gael.
Kuno los ignoró y se centró por completo en Aspen.
—Solo con ver ese porte, sabía que tenía que ser usted. ¡Vaya, las leyendas se quedan cortas! Es raro ver a alguien con tanto atractivo y tanta presencia por aquí.
Mientras hablaba, recorrió a Aspen de pies a cabeza con una mirada descaradamente sucia e irrespetuosa.
La voz de Aspen resonó fría como el hielo.
—El último que se atrevió a mirarme así, se quedó sin ojos.
Kuno se quedó congelado por un instante. Su sonrisa desapareció, reemplazada por un ceño fruncido, pero luego forzó una carcajada.
—Creí que venía a ofrecerme un negocio para hacerme inmensamente rico. Los buenos tratos se hacen con buena actitud, no hay necesidad de ponerse agresivo, ¿verdad?
Dicho esto, extendió la mano, intentando forzar un saludo con Aspen.
Aspen ni siquiera miró la mano extendida. Lo ignoró por completo, caminó hacia el sofá más cercano, tomó asiento con absoluta parsimonia y se encendió un cigarrillo.
Kuno apretó la mandíbula. —¿Y esto qué significa?
Leandro saltó de inmediato para calmar las aguas.
—Jefe Kuno, no se lo tome a mal. No nos conoce bien todavía. Mi jefe tiene un carácter bastante reservado, pero es así con todo el mundo, no es nada personal. Podrá ser un poco frío, pero le juro que tiene talento de sobra y es el único que puede hacerle ganar verdadera plata.
Kuno bufó, clavando sus ojos en Aspen por unos segundos antes de caminar hacia el sofá. Fiel a su estilo, buscó una excusa para salvar su orgullo.
—Por ser tan guapo, se lo dejaré pasar por esta vez.
Luego, desvió su mirada libidinosa hacia Gael. Pero antes de que Kuno pudiera soltar alguna estupidez, Gael lo fulminó con una mirada tan oscura y asesina que la temperatura de la habitación pareció caer de golpe.
Esa mirada cargada de pura violencia le quitó a Kuno cualquier interés morboso que pudiera tener. Con un tic en el ojo, devolvió su atención a Aspen.

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