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Su Regreso, Su Remordimiento romance Capítulo 16

A Otilia se le volvieron a enrojecer los ojos.

Parpadeó rápidamente para contener las lágrimas.

—De acuerdo, entonces me quedaré siempre a tu lado, aquí en el hospital, cuidándote.

La única razón por la que había vuelto con los Aguilar era Bruno. Ahora que él estaba en el hospital, no pensaba volver a esa casa.

—No, de ninguna manera —se opuso Bruno—. Una joven no puede pasarse la vida en un hospital.

»Tú te quedas en casa de los Aguilar. Cuando yo me recupere y me den el alta, iré a verte.

De no ser por la grave caída de hace dos años, se habría ido con Oti en ese mismo instante.

Al ver que Otilia iba a replicar, Bruno fingió enfadarse.

—¿O es que ya no me quieres como abuelo?

Sabía que Otilia se había distanciado de la familia.

«¡Esta niña ha debido de sufrir lo indecible!», pensó.

Oti era su única nieta, la joya que la familia Aguilar había criado durante dieciocho años. No permitiría que se fuera para dejarle el sitio a otra.

—Oti, llevo dos años esperando tu regreso —dijo, apretándole la mano—. Me prometiste que te quedarías conmigo, ¡no me falles!

Ante los ojos húmedos de Bruno, Otilia no tuvo corazón para negarse.

Se quedó a su lado, charlando, hasta que el cansancio venció a su abuelo. Entonces, a regañadientes, se fue.

Ver a su nieta después de dos años le había devuelto a Bruno la vitalidad.

Julio, que llevaba casi cincuenta años a su servicio y lo había acompañado en el hospital, fue el primero en notar el cambio.

—Veo que te has vuelto mucho más sensata.

Si hubiera sido como antes, seguro que se habría quejado al abuelo, y este habría culpado a Juli de todo.

—Dime, ¿qué quieres de recompensa? —preguntó Rafael, de buen humor.

Antes, cada vez que Otilia quería algo, se volvía dócil y obediente. Supuso que esta vez no sería diferente.

Como no le había causado problemas a Juli, estaba dispuesto a darle una buena recompensa por las penalidades de estos dos años.

Pero Otilia, secándose las lágrimas, negó con la cabeza.

—Gracias por su amabilidad, señor Aguilar, pero no necesito nada.

¿Qué tan bajo había caído a los ojos de Rafael para que pensara que su silencio, su deseo de no preocupar a su abuelo, era solo una estrategia para conseguir algo a cambio?

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