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Su Regreso, Su Remordimiento romance Capítulo 18

Pero Juliana, como si acabara de verla, dijo:

—¡Hermana, has vuelto! Mamá y yo vamos de compras, ¿quieres venir?

Otilia iba a negarse, pero Susana se le adelantó.

—Claro, ven. Hace mucho que no vamos de compras juntas, Oti.

Ya que Oti se había vuelto tan dócil, pensó en comprarle ropa y bolsos como recompensa.

Otilia no quería unirse a la feliz escena familiar, pero Juliana, sin darle opción a negarse, la tomó del brazo y la arrastró hacia la salida.

El cuerpo de Otilia se tensó. Quiso soltarse, pero no se atrevió.

Hacía dos años había aprendido que cualquier intento de soltarse de la mano de Juliana, por suave que fuera, acabaría con ella en el suelo, justo cuando algún miembro de la familia Aguilar pasara por allí.

Ellos correrían a ayudar a Juliana, la insultarían con las palabras más crueles y la empujarían con fuerza, diciéndole que probara su propia medicina.

La vez más grave fue cuando la «empujó» por las escaleras, lo que la llevó a la Academia…

Así, a la fuerza, la sacaron de casa.

Durante el trayecto, Susana y Juliana charlaban y reían como una madre y una hija que hubieran pasado toda la vida juntas.

Otilia, en cambio, era un mero telón de fondo, vestida con su barata sudadera.

Su silencio y su retraimiento conmovían y a la vez satisfacían a Susana.

La Oti caprichosa y vivaz de antes se había transformado. Seguramente había sufrido mucho en la Academia.

Pero si no hubiera sufrido, no se habría vuelto tan dócil y obediente en solo dos años.

Ahora, al oír esas mismas palabras, Otilia simplemente retiró la mano.

—No se preocupe, señora Aguilar. ¿Cómo iba yo a compararme con la señorita Aguilar?

»Antes no sabía cuál era mi lugar, y abusando de su amabilidad, intentaba competir con la señorita Aguilar. No volverá a pasar.

La experiencia en la Academia le había enseñado que la idea de que dieciocho años de afecto podían superar los lazos de sangre era una fantasía.

Ahora que lo había entendido, era mejor dejar clara su postura a los Aguilar, para que dejaran de vigilarla, de pensar que todo lo que hacía era para competir con Juliana.

Quizás entendiendo sus palabras, Susana sintió un repentino pánico.

Como si algo importante se le estuviera escapando, sintió una impotencia que nunca antes había experimentado.

—Oti, ¿q-qué quieres decir?

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