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Sumiso, Pero el Más Macho de Todos romance Capítulo 10

Con su figura imponente, alta y sofisticada, Abel se quedó de pie frente al exhibidor, analizando meticulosamente las cajas de preservativos.

Había de todas las marcas, tamaños y variedades.

Isabella estaba a su lado.

Como ambos eran extraordinariamente atractivos, todos los clientes que pasaban por ahí no podían evitar quedarse mirándolos.

Isabella se sentía como una criminal a punto de ser descubierta. Bajo la atenta mirada de los curiosos, no se atrevía a ver a Abel, y mucho menos a posar los ojos en las cajas del estante. Giró el rostro, fingiendo observar el vacío con enorme interés.

—Bebé... —la llamó Abel de repente.

Isabella dio un respingo y volteó a verlo por puro acto reflejo.

¿Acaso... acababa de llamarla bebé?

Abel la miró fijamente y le preguntó:

—¿Qué textura y sabor prefieres?

Su voz sonaba más suave de lo habitual, deliberadamente baja, con un tono magnético y aterciopelado que le erizó la piel.

Si a eso le sumaba la naturaleza de la pregunta, el rostro de Isabella alcanzó un nivel de rojez alarmante.

Le dio una mirada rápida a las cajas del estante. ¡¿Cómo iba a saber ella?!

Nunca los había usado.

En ese momento, su único deseo era terminar el trámite y huir de ahí a toda velocidad, porque estando allí parados... se sentían como la atracción principal de un circo.

—Cualquiera está bien... —murmuró ella con las mejillas ardiendo—. Lleva los que a ti te gusten.

...

¿Los que a él le gusten?

Él tampoco los había usado jamás, así que no tenía la menor idea de qué sabor o textura prefería.

Bajo el intachable principio de que para encontrar el mejor producto primero hay que probarlos todos, Abel procedió a tomar una caja de cada marca, cada variedad, cada textura y cada sabor disponibles en el estante.

Prácticamente vació todo el exhibidor.

...

¿Acaso el hombre era un entusiasta de la diversidad?

¿De verdad le gustaban todas las marcas, todos los tipos y todos los sabores del mercado?

El cajero los observó atónito.

Miró la montaña de cajas frente a Abel, y luego miró a Isabella.

¡...!

¿Por qué la miraba a ella? ¡Ni siquiera era ella quien los estaba comprando!

Isabella estuvo a punto de decirle a Abel que no comprara tantos, pero la idea de ponerse a debatir sobre cantidades de preservativos frente al cajero... le pareció una tortura aún peor.

Capítulo 10 1

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