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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 107

Damián observó a Don Leonardo y pensó que, si Bianca no hubiera utilizado métodos tan sucios para asegurar su matrimonio, incluso tratándose de una fría alianza comercial, él lo habría llamado "papá" con todo el respeto del mundo.

Pero no fue así.

Se limitó a mirarlo en un silencio sepulcral.

Hasta que Don Leonardo pidió que lo ayudaran a levantarse de la silla de ruedas y, con enorme dificultad, se dejó caer de rodillas frente a Damián.

La expresión de Damián cambió drásticamente. Con un gesto de la barbilla, le ordenó a su secretario que lo detuviera.

—Si hace esto para que intervenga en el caso de su hijo, es innecesario. Ya di mi palabra de que mi equipo de abogados luchará hasta el final. Faltan apenas seis meses para que todo se resuelva, ¿no es así? Yo nunca rompo una promesa.

En seis meses, Enzo Núñez sería absuelto de todos los cargos.

Don Leonardo lo sabía. Entendía perfectamente el poder del equipo legal de los Figueroa.

Y también sabía que Damián era un hombre que honraba su palabra en el mundo de los negocios.

Pero, aun así, le había pedido a su hijo que renunciara a la apelación.

Don Leonardo apartó las manos del secretario y, con la mitad de su cuerpo paralizado, se mantuvo de rodillas frente al hombre más poderoso de la ciudad.

—No es necesario. Hoy no vengo por mi hijo. Vengo a suplicarle un favor relacionado con Bianca.

La mano que Damián había extendido instintivamente para ayudarlo a levantarse se detuvo en el aire.

Su primer pensamiento fue que seguramente el viejo intentaría sacarle dinero o exigir alguna compensación absurda.

Pero Don Leonardo habló con la voz quebrada.

—No sé qué fue lo que lo llevó a tener un concepto tan equivocado de mi hija. Pero Bianca es la niña que yo crie, y le aseguro que tiene un corazón puro. Eso de que lo drogó o se metió a escondidas en su cama... por mucho que ella lo ame hasta la locura, por mucho que estuviera dispuesta a dar su propia vida por usted, ella jamás se rebajaría a hacer algo tan ruin.

—Hoy, como su padre, solo le imploro una cosa: déjela ir. Divórciate de ella. No queremos nada de su familia. Si el niño que lleva en su vientre aún vive y ustedes lo quieren, se lo entregaremos. Si no lo quieren, la familia Núñez se hará cargo. Aunque tenga que trabajar de sol a sol y dar mi propia vida, nunca dejaré que a mi hija ni a mi nieto les falte un plato de comida.

—Pero...

Cuando Don Leonardo perdió su fortuna y cuando fue enviado a la cárcel, jamás derramó una lágrima.

Pero ahora, mientras pronunciaba esas palabras, su rostro estaba empapado en llanto.

—Pero le ruego... si mi nieto sigue con vida, permítale a Bianca quedarse con él.

—Tómelo como un acto de piedad por el breve tiempo que estuvieron casados, y libérela. Si mi hija cometió algún error, fue enamorarse perdidamente de usted cuando apenas era una muchacha ingenua. Damián... amar a la persona equivocada no es un crimen, ¿verdad?

Junto a Damián, Lucas Valdés observó de reojo a su jefe.

Le pareció percibir una fugaz sombra de remordimiento en la mirada del implacable empresario.

Recordaba bien que había sido Damián quien pagó para que este anciano destruido estuviera en el mejor centro de rehabilitación de la ciudad. No se suponía que las cosas terminaran así.

Tras un largo silencio, Lucas escuchó la voz áspera de su jefe.

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