No solo Melisa, sino también Xavier Soler y Romeo Paredes, sentados un poco más lejos, notaron la presencia de Bianca.
Romeo frunció el ceño, le envió un mensaje a Melisa y no pudo contener su furia:
—¡Maldita sea, es como una sanguijuela que no se despega! ¡Seguro le rogó a la abuela, y como la señora sigue empeñada en juntarla con Damián, le abrió una ruta directa para colarse aquí! Si no, ¿cómo alguien como ella tendría el derecho de pisar este lugar? ¡Ya en el hotel la vi siguiéndonos a escondidas!
Xavier no dijo nada; solo le dirigió una mirada fría al lugar donde estaba Bianca.
Que una mujer llegara a esos extremos por un hombre que no la amaba le parecía la definición misma de lo patético.
Por eso, Xavier prefirió no hacer ningún comentario.
Solo preguntó:
—¿La abuela quiere juntarlos a ella y a Damián?
Romeo asintió y le mostró a Xavier todos los mensajes que Bárbara Figueroa le había mandado a Melisa la noche anterior.
—Ahí la tienes, fingiendo devoción en el templo para conseguirle un amuleto, que no es más que un hechizo barato para amarrar hombres. Y encima manipulando a la abuela para que obligue a Damián a firmar un contrato donde jura que no se divorciará de ella ni se casará con Melisa. Dios... ¿cómo puede alguien tener tan poca vergüenza? Cuando termine el evento voy a ir a preguntarle si no le queda ni un gramo de dignidad.
Un destello de asco cruzó los ojos de Xavier y apartó la vista sin interés.
Para él, la situación era obvia: la familia Núñez estaba en la ruina, Bianca no era brillante y tampoco era una belleza deslumbrante. Ahora que milagrosamente se había embarazado y asegurado el título de señora Figueroa, ¿cómo no iba a aferrarse con uñas y dientes?
Romeo quería seguir despotricando, pero Xavier lo cortó:
—Silencio, la subasta ya comenzó.
—Seguro vino a arruinarnos la noche a propósito, ¿quieres apostar? —insistió Romeo.
Xavier no quiso apostar. Él también creía que la única razón por la que Bianca había venido arrastrándose sin un ápice de dignidad era para causar incomodidad, así que no había necesidad de apostar. Solo dijo:
—Damián está aquí.
Presentaron el primer lote.
Todas las miradas se clavaron en el escenario.
Al retirar la tela, se reveló un vestido de novia.
Era la última gran obra de Elara Valli, la diseñadora de novias más famosa del mundo: 'Esencia de Eternidad'.


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