Sin importar el motivo, no quería que nadie supiera que Damián era su esposo; era demasiado humillante.
Sin embargo, otros colegas empezaron a darle la razón a Clara, incluso levantando la voz en su defensa.
Si por culpa de ella, su mentor terminaba despidiendo a Clara, una empleada con tres años en la empresa, sin duda el equipo entero perdería la confianza en ellos...
Desde la distancia, Melisa frunció el ceño.
Temía de verdad que Bianca perdiera el control y decidiera revelar públicamente que estaba casada con Damián.
El tipo de mujer que era Bianca seguro estaba esperando una oportunidad como esta.
Luego se haría la víctima, diciendo que no tuvo otra opción y que la obligaron a decirlo.
¡La expresión de Melisa se ensombreció aún más!
Volteó a ver a Damián y se dio cuenta de que el hombre a su lado seguía tranquilo, observando todo desde fuera, inmutable.
En ese momento, Bianca se dirigió a Clara:
—¿Tu problema es con mis capacidades o con mi moral? Si es por mis capacidades, puedo demostrarte aquí mismo de lo que soy capaz y que no seré una carga para nadie. Y sobre por qué no te elegí, tengo mis razones.
—¡Con las dos! —replicó Clara—. ¡En nuestra empresa no queremos amantes! Nadie quiere trabajar con la amante de alguien. Aparte del asco que da, usar tus influencias y pisar a los demás para subir de puesto es repugnante. Díganme, ¿no tengo razón?
Todos asintieron en coro.
A Vicente se le notó la molestia y estaba a punto de intervenir cuando Bianca levantó la mano para detenerlo:
—No importa.
Estaba claro que sin una respuesta definitiva, el problema no terminaría ahí.
Bianca sacó su celular.
Cuando todos esperaban que abriera la página del registro civil, vieron que abría la lista de contactos y buscaba uno bajo el nombre: Mi amor.
Ese nombre lo había puesto recientemente, solo para que la abuela se quedara tranquila.
El corazón de Bianca latía desbocado, lleno de nervios.
Damián nunca antes había contestado sus llamadas. Mientras marcaba, Bianca levantó la vista y vio a Damián de pie no muy lejos.
El rostro de Bianca perdió todo el color.
Seguramente llevaba mucho tiempo ahí, viéndola ser humillada, acorralada, y sin embargo, no había movido un dedo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa