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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 93

Bianca planeaba decirle un simple «gracias» a Damián en cuanto lo viera.

Pero al subir al auto, vio que Melisa ya se había acomodado con total naturalidad en el asiento trasero, junto a él.

A Bianca no le quedó más remedio que sentarse de copiloto, mientras Clara tomaba el volante.

Clara miró de reojo por el espejo y le susurró a Bianca:

—El señor Figueroa de verdad consiente a Melisa, ¿no? Seguramente nos dieron esta colaboración solo por complacerla.

Por instinto, Bianca levantó la vista hacia el espejo retrovisor.

No se dio cuenta en qué momento subieron el panel separador. Solo podía ver la mitad inferior de los cuerpos de Damián y Melisa.

Melisa estaba prácticamente recostada sobre él, a punto de entrelazarse por completo.

Parecía que se estaban... besando.

La sangre se le heló a Bianca.

Una cosa era saber que Damián amaba a Melisa, y otra muy distinta era tenerlo frente a sus ojos.

De la nada, el estómago se le revolvió y no pudo contener una pequeña arcada.

—¿Estás bien? —preguntó Clara, preocupada, deteniendo el auto para pasarle unos pañuelos—. ¿Son las náuseas del embarazo?

Justo en ese instante, el panel divisor bajó un poco.

Clara le dio unas palmaditas en la espalda a Bianca y continuó hablando.

—Mi hermana también vomitaba todo el tiempo. Algunas vomitan los nueve meses, otras solo los primeros tres. Bianquita, ¿cuántos meses tienes? ¿Trajiste algo ácido para calmar el estómago?

Bianca negó con la cabeza.

—No, gracias. Estoy bien.

Desde que quedó embarazada hasta que perdió al bebé en el pasado, jamás sintió náuseas. No sabía por qué su cuerpo reaccionaba así ahora.

Clara, sin sentir asco, le dijo que no había de qué preocuparse, y no olvidó voltear para disculparse con Damián.

Bianca no sabía qué expresión tenía el hombre en el asiento trasero, solo escuchó su voz increíblemente fría.

—Si estás embarazada, no hace falta que vengas.

—Sí, asistente Núñez, podemos parar el auto aquí y te regresas sola a la empresa —añadió Melisa, fingiendo preocupación—. Yo me encargaré de explicarle al señor Ávila.

En realidad, Melisa creía que Bianca fingía las náuseas por pura envidia de verla sentada junto a Damián.

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