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Suplicando tu perdón romance Capítulo 112

—¿Qué es lo que querías decirme, Félix? —preguntó Orla, mirándolo con seriedad, aunque en el fondo temía la respuesta.

Félix sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

Su respiración se aceleró, el corazón golpeaba como un tambor dentro de su pecho. El simple pensamiento de perderla lo aterraba; su cuerpo temblaba sin que pudiera evitarlo.

—Yo… yo… —tragó saliva, buscando valor—. Es mi hermana. Ella… tiene amnesia, no recuerda a Alexis. Y Gustavo… Gustavo le contó todo a su manera. Ahora ella lo desprecia, lo rechaza.

Orla abrió mucho los ojos. Soltó la mano de Félix con brusquedad, como si necesitara aire.

—¡Dios! Eso es terrible… Alexis debe estar sufriendo mucho —dijo con voz quebrada. Su corazón se llenaba de compasión por su hermano.

Félix la miró con un dejo de amargura.

—Orla, él no la merece. Le hizo demasiado daño.

Ella bajó la mirada, incapaz de negar la verdad. Asintió lentamente.

—Lo sé… sé que causó dolor. Pero, te juro que la ama. —Sus ojos se humedecieron, brillando con una mezcla de fe y desesperación—. A veces pienso que hay personas que hieren a quien más aman, no porque lo quieran, sino porque no saben amar de otra manera. No lo hacen a propósito… ¿De verdad no crees que mi hermano merece una segunda oportunidad?

Félix bajó la cabeza. El conflicto lo consumía.

—No lo sé… —murmuró—. Creí que mi hermana lo perdonaría, que encontraría un camino de regreso a él… pero Gustavo ha jugado bien sus cartas. Y lo peor es que sé que él sí la quiere, que haría lo que fuera por ella. Pero lo que hizo… tampoco es justo.

Un silencio incómodo cayó sobre ellos, hasta que Orla, con voz titubeante, confesó:

—Debo decirte algo… Hubo un tiempo en que… yo gustaba de Gustavo.

Las palabras fueron como un puñal.

Félix se quedó perplejo, y en un instante, los celos lo devoraron. Su rostro se tensó, su respiración se tornó más áspera.

—¿Y ya no? —preguntó con una voz cargada de temor y posesividad.

Orla sonrió con dulzura y negó con la cabeza.

—Claro que no… Ahora solo siento algo por ti. Solo tú.

La sombra de los celos se disipó al instante.

Félix, aliviado, la rodeó con fuerza, estrechando su cintura contra él.

Sus labios buscaron los suyos, y ese beso, cargado de pasión y promesas no dichas, los arrastró hasta la cama.

Allí, con una ternura infinita, dejaron que sus miedos se deshicieran en caricias, y en medio de la fragilidad, hicieron el amor como dos almas que se habían encontrado en medio del caos.

***

La mañana siguiente llegó envuelta en un silencio extraño.

Sienna despertó bruscamente, atrapada en una pesadilla. Su respiración era agitada, el sudor perlaba su frente. Gritó un nombre que no recordaba del todo, y al abrir los ojos, lo primero que vio fue a Alexis, dormido en un sillón, con la cabeza ladeada, como si hubiera pasado la noche velándola.

Temblando, se levantó y corrió hasta él. Tomó su mano con urgencia.

—¿Tú… aquí? —preguntó, confusa, con la voz quebrada.

Alexis despertó al sentir el contacto.

Sus ojos se encontraron, y en ese instante, ella recordó. Recordó el beso. Ese beso ardiente, desesperado, que aún ardía en sus labios. Llevó una mano temblorosa a su boca.

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