Orla se fue más tarde de lo que había planeado.
Intentó hablar con Alexis, pero él parecía no escucharla.
—¿Por qué no haces otra prueba de ADN? ¿Quién es ese hombre con que te engañó Sienna? ¿Has hablado sobre eso?
—¿Qué tonterías dices?
—¡Hermano, es que tengo miedo! ¿Y si Sienna dice la verdad y la inculparon? Ella es una mujer bella, hay hombres locos que pueden hacer tonterías por ella.
Alexis apretó los puños.
—¡Actúas como una niña, lo viste con tus ojos, viste a Sienna con otro hombre, desnuda en una cama, era un video! ¿Acaso aún crees en su inocencia?
—¿Y vas a perdonarla?
—¡Nunca! —bramó con odio
—Entonces, debes aceptar que Melody no es tu hija y que Sienna ya no quiere estar aquí, tenerla a la fuerza es un… ¡Secuestro! No puedes obligarla.
—¡Vete, Orla! —dijo con ojos relampagueándole de furia.
Orla sintió miedo, pero aceptó irse. Quedó en volver mañana.
***
Cuando Tessa regresó, la casa parecía en calma, pero ese silencio era solo la fachada de un desastre contenido.
Su madre se había ofrecido a cuidar a Nelly por la noche, así que Tessa volvió sola, con la mente agitada, decidida, sabiendo exactamente lo que iba a hacer.
Apenas cruzó la puerta, Orla la recibió con un rostro preocupado, ya estaba por irse.
—¿Dónde está Sienna? —preguntó Tessa con cautela.
Orla la miró fijamente por un momento, como dudando si debía decirlo. Luego suspiró.
—Alexis la encerró. En la habitación de Melody. No la ha dejado salir, desde hace horas, temo que no la deje ir.
Orla se marchó.
Tessa entrecerró los ojos. Algo oscuro se movió dentro de ella. No le sorprendía del todo. Alexis había cruzado una línea, y ella estaba segura de que podía romperla, podía hacer que Sienna dejara de ser un problema.
Pero en lugar de horrorizarse, una idea se deslizó con suavidad en su mente. Una idea que llevaba tiempo gestándose. Y esta noche… esta noche sería perfecta.
Fue a la cocina, tomó una copa de cristal elegante.
Con una tranquilidad escalofriante, abrió su bolso y sacó un pequeño sobre plateado que contenía un somnífero en polvo. Sin dudarlo, lo vertió dentro de la copa, observando cómo se disolvía con lentitud en el vino tinto.
Lo revolvió con un movimiento suave, casi elegante. Una gota resbaló por el borde y manchó su dedo.
Tessa sonrió. "Inofensivo… pero efectivo", murmuró.
Subió las escaleras como si nada pasara. Tocó la puerta de la habitación de Alexis y entró con una sonrisa casi dulce.
—¿Cómo está Nelly? —preguntó con voz suave
Alexis estaba sentado al borde de la cama, los ojos rojos por el cansancio y el enojo acumulado. Había pasado todo el día vigilando que Sienna no escapara. Se veía agotado, mental y emocionalmente drenado.
—El doctor dice que va a mejorar… lentamente, pero sí. —Suspiró pesadamente.
Tessa se acercó, le entregó la copa con delicadeza, como si le ofreciera un bálsamo para el alma.
—Toma. Te hará bien. Solo un poco para que duermas. Te lo mereces, Alexis. Has hecho lo mejor que podías. Nadie te entiende como yo. Yo sí estoy de tu lado.
Él la miró con ojos nublados, pensando que ella de verdad estaba de su lado. Tomó la copa. Bebió casi de un trago.

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