En la mansión Dalton…
Sienna recorría los pasillos con paso apurado, el corazón acelerado y la voz temblorosa mientras llamaba a su hija.
—Melody… ¿Dónde estás, cielo?
La voz de su hija no respondía, pero unos murmullos infantiles la guiaron.
Al girar en un pasillo lateral, los vio. Allí, entre alfombras de terciopelo y cuadros antiguos, Melody sostenía a su viejo oso de peluche: el desgastado y querido Señor Pink. Era un peluche pardo al que ella misma le había atado una bufanda rosa, diciendo que lo hacía “elegante”.
Pero su prima Nelly irrumpió como una tormenta de celos.
—¡Yo lo quiero! —gritó con los ojos encendidos de capricho.
—¡Es mío! ¡Es mi Señor Pink! —replicó Melody, aferrándose con todas sus fuerzas al muñeco.
Tironearon, se empujaron, forcejearon… hasta que Señor Pink cayó al suelo. Melody lo miró como si hubieran arrojado al suelo su alma.
—¡Tiraste a Señor Pink! —chilló con voz temblorosa.
—¡Eres una llorona! —replicó Nelly con sorna—. Le voy a decir a mi tío Dalton que te eche de aquí. ¡Porque ahora él será mi nuevo papito!
Melody quedó paralizada. Los ojos se le abrieron enormes. Su respiración se agitó.
—¡Eso no es cierto! ¡Eso no puede ser cierto! —dijo con voz rota.
—¡Sí, lo es, si lo es! —insistió Nelly con la malicia afilada como cuchilla—. Mami me dijo que mi nuevo papito será tu papi… y entonces yo seré rica, ¡rica, rica! Tendré todos tus vestidos, tus juguetes… ¡Y tú no tendrás nada! ¿Sabes por qué? Porque eres una bastarda.
Melody pestañeó confundida.
—¿Qué… qué es eso?
—¡Algo muy feo! —dijo Nelly, orgullosa de que ella sí lo sabía o al menos eso creía—. Es que no tienes papá. ¡Tú no tienes papá! ¡Eres una bastarda sin papá!
La cara de Melody se encendió de rabia, el temblor de sus manos dejó paso al impulso. Sin pensarlo dos veces, se lanzó contra Nelly, tirándole del cabello con furia. Gritaban, forcejeaban, rodaban en el suelo como dos cachorros enfurecidos, pero ninguna cedía.
Fue entonces cuando Sienna las encontró.
—¡Niñas! ¡Basta! ¡Deténganse ahora! —exclamó, desesperada, corriendo hacia ellas para separarlas.

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