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Suplicando tu perdón romance Capítulo 9

—¡¿Cómo puedes ser tan cruel?! —gritó con la voz quebrada, llena de furia, pero también de amor roto.

En ese instante, como si el universo se burlara de ellos, las niñas comenzaron a pelear de nuevo por el peluche.

Melody tiró con fuerza del señor Pink y salió corriendo, con Nelly pisándole los talones, gritando.

—¡Melody, devuélvemelo!

—¡Es mío!

—¡Sienna! —intervino Tessa, su voz tan venenosa como siempre—. ¿Y tú quién eres para levantarle la mano a Alexis? ¡Lárgate con tu bastarda! ¡Corre tras tu amante! Porque te aviso… Alexis ya no será el tonto que te cuide nunca más.

Las palabras de Tessa cayeron como cuchillas sobre el corazón de Sienna. Lágrimas calientes le resbalaban por las mejillas, sin poder detenerlas.

—Me llevaré a mi hija… —susurró con la voz hecha polvo.

—¡No! —rugió Alexis, clavando los ojos en ella—. ¡No te la llevarás!

—¡¿No, que no era tu hija?! ¿Entonces qué más quieres de mí? Si no vas a creerme, si nunca vas a confiar en mí… ¡Déjanos ir!

Él apretó los puños con fuerza. Quería odiarla. Quería verla como una mentirosa más… pero el solo pensar en un mundo sin Sienna, sin Melody, le robaba el aliento.

Entonces, de repente, un grito desgarrador atravesó la sala.

—¡Mami, me duele!

Ambos se giraron con el corazón en la garganta. Melody estaba parada, temblando, con la ceja abierta y la sangre corriendo por su carita pálida. El peluche entre sus brazos empapado en rojo.

Sienna lanzó un grito ahogado, corrió hacia su hija y la levantó con desesperación, el corazón, latiéndole tan fuerte que le dolía el pecho.

—¡No, no, no, mi amor! —susurraba, desesperada, mirando la herida—. ¡Melody, mi vida!

Salió corriendo con ella en brazos, sin pensar en nada más que salvarla. Alexis, al verlas, reaccionó con el alma desgarrada. Corrió tras ellas.

—¡Súbela al auto! ¡Vamos al hospital!

Sienna no dudó. Subió a la pequeña en el asiento trasero y se sentó a su lado, mientras él arrancaba a toda velocidad, sin importar los semáforos ni el tráfico. Solo importaba llegar a tiempo. Solo importaba Melody.

La niña lloraba sin consuelo, aferrada al señor Pink, empapado en sangre.

—Papi… papi, tengo miedo… —sollozaba.

Alexis la miraba por el espejo retrovisor, con los ojos vidriosos y la mandíbula temblorosa.

—No temas, princesa… —dijo con la voz más suave que pudo—. Todo va a estar bien, te lo prometo.

Sienna acariciaba el cabello de su hija, también temblando, pero se obligaba a mantenerse firme. No podía dejar que la pequeña notara su miedo. Ya había suficiente sangre, suficiente angustia.

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