Entrar Via

Te Odio, Pero Vuelve romance Capítulo 11

Nuevo hogarTe Odio, Pero Vuelve ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Frente a las puertas dobles de la oficina de presidencia.

Julián Vega, el asistente personal, estaba parado en la entrada cargando una pila de documentos que esperaban firma. Al ver acercarse a Natalia Ximénez, dio un paso al frente para bloquearle el paso de inmediato.

—Señora Valente, el Presidente Valente está en una reunión importante con los altos ejecutivos —dijo Julián con un tono estrictamente profesional—. El Presidente dio órdenes de que nadie lo interrumpa. Tendrá que esperar afuera.

Natalia se detuvo y asintió con calma. Conocía perfectamente los hábitos de trabajo de Gabriel Valente. Él odiaba que lo interrumpieran cuando trataba asuntos de la empresa, especialmente en las reuniones de alto nivel.

Esta era una regla de oro que todos en el Corporativo Valente conocían a la perfección. Una vez, un directivo había contestado una llamada personal durante una junta y Gabriel lo despidió en ese mismo instante. Ella siempre había respetado sus reglas con un cuidado escrupuloso, sin atreverse jamás a cruzar la línea.

Natalia retrocedió un par de pasos y se sentó en el sofá del área de espera.

Durante los últimos tres años, se había parado en ese pasillo infinidad de veces, sosteniendo un termo con café recién hecho o un almuerzo caliente, esperando ansiosamente a que él terminara sus reuniones. En aquellos tiempos, estaba llena de ilusión y hasta respiraba con cuidado para no molestar.

Diez minutos después, el ascensor privado al final del pasillo emitió un suave pitido.

Giselle Valente salió corriendo como un torbellino. Llevaba puesto un vestido Chanel de la última colección, un minibolso de edición limitada y unos altísimos tacones de aguja.

Julián, que había estado montando guardia en la puerta con una postura rígida, cambió de actitud en un segundo. Se inclinó levemente y habló con un tono respetuoso pero familiar.

—Señorita Giselle, ha llegado.

Giselle asintió de forma distraída, pero por el rabillo del ojo alcanzó a ver a Natalia sentada en el sofá de espera. Se detuvo, dio media vuelta y caminó hacia ella, mirándola por encima del hombro.

—Vaya, ¿pero si no es nuestra devota Señora Valente? ¿Qué pasa, ayer apenas recibiste una cachetada y hoy vienes a la empresa a jugar a la esposa perfecta?

Giselle arqueó una ceja, su tono destilaba provocación.

—Gabi ni siquiera te deja entrar a su oficina. ¿No te da vergüenza estar ahí sentada como un perrito? Si tienes tanto tiempo libre, mejor vete a casa y aprende cómo complacer a un hombre.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Odio, Pero Vuelve