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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 191

Lucía fue con Julio García a la oficina del médico jefe para preguntar por el estado de su madre.

—Doctor Valenzuela, sobre la situación de mi madre... ¿puede decirme la verdad?

El doctor Valenzuela revisó los resultados de los análisis y habló con tono amable:

—El caso de la señora Elena puede ser leve o grave. Por ahora es insomnio crónico, pero si se prolonga, afectará el resto de sus funciones corporales.

—Así que puede ser muy serio o no tanto, dependiendo de su evolución. Lo principal es que mantenga un buen estado de ánimo... Haremos todo lo posible, pero necesitamos que la familia colabore.

Lucía asintió suavemente.

—Lo entiendo. Muchas gracias, doctor. Seguiremos el tratamiento y los medicamentos al pie de la letra.

En su vida pasada, Elena había visitado a muchísimos psiquiatras.

Al final, su mente colapsó por completo.

Y el insomnio había sido solo el primer síntoma.

Al salir de la consulta, Lucía sentía el corazón pesado y, sin darse cuenta, se retorcía los dedos con nerviosismo.

Julio, por el contrario, se sintió aliviado al escuchar que no era nada grave. Al ver que su madre había terminado su desayuno, se preparó para ir a la oficina.

—Mamá, tengo un banquete de negocios al mediodía, así que dudo que pueda venir. Regresaré al hospital por la noche para verte.

Elena de García sonrió con ternura.

—Ve a trabajar tranquilo...

Lucía salió de repente de sus pensamientos y sintió un vuelco en el estómago.

—Yo iré.

Julio la miró con sorpresa.

—Es mejor que vaya yo. Tú quédate en el hospital acompañando a mamá.

—No, yo iré al banquete.

En su vida pasada, tras la muerte de su padre, el mundo empresarial no le tenía fe a Julio. Durante ese mismo banquete, seguramente recibió tantas humillaciones y ataques verbales que regresó a casa completamente borracho y deprimido.

Al ver la insistencia de Lucía, tanto Elena como Julio se sorprendieron un poco, pero terminaron cediendo.

Al mediodía, Lucía llegó al evento. El anfitrión no esperaba que la señorita García acudiera en representación de Julio, pero siendo un veterano de la alta sociedad, disimuló su asombro en un instante y la recibió con una sonrisa cálida.

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