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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 649

—Hola. —Paola Montero entró a la habitación sosteniendo una canasta de frutas.

Lucía, que llevaba días aburrida por el estricto reposo en cama, finalmente sintió algo de emoción al ver a alguien.— Paola.

—Alejandro...

Alejandro asintió; estaba semirecostado en la cama, abrazando a Lucía. Ambos habían estado viendo una película en el proyector, que ahora estaba apagado.

Él miró a Paola y le preguntó casualmente a Lucía: —¿Quieres verla hacer una coreografía de moda?

A Lucía se le iluminaron los ojos: —¡Sí, claro!

Alejandro dirigió su mirada hacia Paola: —Lucía quiere que bailes.

Paola tragó saliva nerviosamente. ¿Cómo iba a atreverse a bailar ahí? La imponente presencia que emanaba de Alejandro era mucho más intimidante que enfrentarse a un estadio lleno de espectadores. Sus manos y pies se pusieron rígidos de inmediato, e inventó rápidamente una excusa: —Mejor voy a la sala de descanso a lavar y picarles la fruta.

Y sin esperar respuesta, salió huyendo.

En el pasillo casi choca de frente con Noel.

Lucía le reclamó a su esposo, frustrada: —Para una vez que viene alguien a hacerme compañía, tú vas y la asustas.

Alejandro hizo el ademán de levantarse, sonriendo con picardía: —Entonces iré a traerla de vuelta.

—No hace falta —rio Lucía—, ¿acaso no tengo aquí mismo a alguien más que puede bailar?

Alejandro alzó una ceja: —¿Dónde hay alguien más?

Lucía clavó la mirada en él, con los ojos llenos de burla: —Como yo no me puedo levantar de esta cama, supongo que no puedo ser yo, ¿verdad?

Alejandro la miró profundamente, sin pronunciar palabra, mientras en sus oscuros ojos asomaba una chispa de diversión. —Mejor dedicamos el tiempo a hacer otra cosa...

...

Mientras la investigación sobre Javier Jiménez seguía estancada, el asunto de Cristina Quiroga había dado resultados en cuestión de días.

Por orden de Alejandro, Mateo utilizó los contactos de la universidad y localizó fácilmente a Cristina.

En la cafetería, Cristina, que no esperaba la invitación de Alejandro, se presentó bastante nerviosa.

Alejandro fue directo al grano: —No te preocupes.

»Hoy solo vine a dejar algo en claro contigo.

Dicho esto, deslizó una cámara digital sobre la mesa. En ella estaban las fotos de ella y Gustavo Beltrán paseando y viéndose a escondidas.

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