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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 216

Después de preparar el pescado al horno, Lucía cocinó un buen plato de costillas glaseadas.

Por otro lado, cuando terminó la reunión gubernamental, los organizadores notaron que el representante del Consorcio García ya no estaba: —Parece que la persona del Consorcio García olvidó sus documentos.

Alejandro Zavala se acercó: —Yo se los llevaré.

El empleado del gobierno se quedó un poco desconcertado, pero se los entregó con ambas manos, pensando que tal vez esos papeles ni siquiera eran tan importantes.

Mateo Vicario estaba esperando afuera. Al ver a Alejandro subirse al auto, le preguntó: —Señor, ¿vamos al hospital ahora?

—A la casa de los García.

Mateo se quedó perplejo y confirmó por instinto: —¿A la casa del señor Julio García?

—¿A qué otra podría ser?

Mateo no se atrevió a decir una palabra más; pisó el acelerador con destreza y se dirigió a la residencia de los García.

Alejandro llegó a las afueras de la mansión García justo cuando Julio traía de vuelta a Elena de García.

Los vio bajarse del auto. Alejandro observó a Elena, que parecía haber envejecido considerablemente.

Él sabía que, tras la muerte de Horacio García, su viuda había quedado destrozada y había estado viviendo fuera. Esta vez, notó que su cabello estaba mucho más canoso. Parecía haberse recuperado de una grave enfermedad, pues sus movimientos eran un tanto lentos.

Era evidente que la muerte de Horacio había sido un golpe durísimo para ella.

Estaba a punto de apartar la vista cuando su mirada se detuvo de golpe, al ver el rosario de sándalo en la muñeca de Elena de García.

La expresión de Alejandro se oscureció.

En ese momento, las puertas del patio se abrieron automáticamente.

Lucía salió corriendo desde el interior, rebosante de entusiasmo. Se notaba lo emocionada que estaba; aún llevaba puesto un delantal blanco. Tenía un brillo especial en los ojos y el cabello recogido en un moño desordenado.

Al ver a su madre, esbozó una enorme sonrisa: —¡Mamá, ya llegaste!

Tenía las manos mojadas y, para no ensuciar a su madre, simplemente se apoyó contra ella, acercando su radiante rostro mientras decía con infinita alegría: —Hoy cociné yo, preparé todos tus platos favoritos...

La luz del sol acariciaba su piel, y toda su figura desprendía una ternura y docilidad incomparables.

Elena le acarició la mejilla a su hija y sonrió con dulzura: —Te has esforzado mucho, mi niña.

Capítulo 216 1

Capítulo 216 2

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