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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 225

Lucía García se levantó a las siete de la mañana y a las ocho en punto ya estaba cruzando las puertas de la oficina.

Con la competencia de automovilismo finalizada, ya no tenía excusas lógicas para salir a conducir de madrugada.

—¿Ya estás mejor del estómago? —le preguntó Julio en cuanto la vio, antes de soltar la verdadera duda—: Si no fuera por la prensa y las redes sociales, ni siquiera sabría que te habías inscrito en esa carrera. ¿Me quieres explicar qué pasó?

Lucía no se alteró.

—Nada, Julio. Me sentí mal ayer en la mañana y decidí no ir.

Julio sabía que, médicamente hablando, su excusa era válida, pero la realidad era que todo el mundo en internet aseguraba que se había acobardado al darse cuenta de que jamás le llegaría a los talones a Jimena, justificando así el rechazo de Alejandro.

Frunciendo el ceño, le recriminó:

—Dicen que uno no debe entrar a una guerra si no sabe que va a ganar. Si hubieras competido, ¿de verdad creías que podías ganarle a Jimena?

Por supuesto que no.

Lucía negó con la cabeza en silencio.

Jamás tuvo la intención de pisar esa pista. Solo necesitaba una tapadera creíble para justificar sus madrugadas al volante.

En este tablero de ajedrez, las personas a las que intentaba acercarse eran pesos pesados del país, gente implacable. El más mínimo error, y sospecharían de sus intenciones.

Si el gobierno descubría que había planeado un accidente de esa magnitud solo para acercarse al poder...

La encerrarían en una celda oscura para investigarla por el resto de su vida.

...

Le daba igual si el mundo entero se burlaba de ella. Todo se decidiría mañana.

—No vuelvas a ser tan impulsiva —suspiró Julio, masajeándose las sienes—. Menos mal que no fuiste. Si hubieras pisado esa pista, seguro quedabas en último lugar y el ridículo habría sido peor.

Luego, su tono se suavizó.

—¿Cómo te sientes hoy? ¿Qué dijo el médico?

—Estoy perfecta —respondió Lucía, quien tenía todo fríamente calculado, incluyendo un historial médico real de urgencias por gastroenteritis.

Si iba a mentir, tenía que hacerlo con la precisión de un cirujano.

Aliviado, Julio asintió y se dio media vuelta para irse, pero Lucía lo detuvo abrazándose fuertemente a su brazo.

—Julio.

***

Al día siguiente.

Elena observó a su hija, que llevaba un largo rato de pie frente al altar familiar, en silencio.

—Mi amor, ¿por qué has estado rezando tanto tiempo hoy?

Lucía bajó la mirada y esbozó una sonrisa nostálgica.

—Solo quería platicar un ratito más con papá.

Tras persignarse, caminó hacia la sala de estar, donde Cristina, su cuñada, leía un libro en paz. Lucía dudó un instante antes de acercarse y sentarse a su lado.

—Cristina... Julio es un hombre tranquilo. No es el tipo de persona que llama la atención al entrar a una habitación. ¿Cómo fue que te enamoraste de él?

Comparado con hombres como Gustavo Beltrán, que emanaban un peligro seductor, su hermano parecía casi aburrido.

Cristina levantó la vista, y sus ojos se llenaron de una ternura absoluta.

—Tu hermano da paz, Lucía. Hay hombres que pueden ser guapísimos o poderosos, pero tienen el alma helada. Te congelan si te acercas demasiado. Julio no es así. Tiene un corazón enorme, es genuino, guapo a su manera y, sobre todo, es un refugio seguro. Es el tipo de hombre que te hace querer quedarte a su lado para toda la vida.

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