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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 232

—Cada día está más audaz... —murmuraba Julio. Como él también temía que su madre se enterara, al final dejó que su esposa se lo llevara de allí.

En ese momento, llamó Isabel Luna. Lucía contestó y, después de murmurar un par de respuestas afirmativas, tranquilizó el alterado corazón de su mejor amiga y apagó el teléfono.

...

Como era de esperarse, el video también llegó a oídos de los Jiménez. Javier Jiménez lo envió al grupo de la familia.

Al verlo, la familia Jiménez se quedó en completo silencio.

Javier fue el primero en hablar:

—Técnica de conducción: diez de diez. Aunque no participó en el campeonato de carreras, parece que igual ganó...

Ese comentario hizo que Daniela le lanzara un cojín del sofá, incapaz de contenerse.

Doña Clara de Torres intervino para detener sus juegos.

Se ajustó las gafas y volvió a mirar el video, frunciendo el ceño. Cuando Lucía estrechó la mano de la máxima autoridad del Ministerio de Defensa Nacional, no mostró ni una pizca de nerviosismo.

Si tan solo fuera Jimena quien hubiera estado allí...

Jimena también habría sido igual de desenvuelta, serena y segura de sí misma, sin ninguna incomodidad ni complejo de inferioridad.

El video duraba veinte minutos, y al final, algunos internautas habían añadido la información personal de Lucía.

Lucía García.

La adorada hija del difunto Presidente del Consorcio García, Horacio García.

Prometida de Alejandro Zavala, el CEO del Grupo Zavala.

Sentada a un lado, Daniela golpeó el sofá con fuerza y alzó la voz, indignada:

—¡Está mal! ¡Todo eso es mentira!

Señaló los molestos subtítulos en la pantalla con el rostro lleno de furia:

—¡Alejandro terminó con ella hace tiempo, ya no es su prometida en absoluto!

El rostro de Jimena se ensombreció al instante. La calma que a duras penas había mantenido se desmoronó por completo al escuchar repetirse la palabra "prometida".

Sin decir nada, y antes de que Daniela pudiera agregar algo más, Jimena se levantó, agarró su bolso y salió de la casa a paso apresurado.

Tenía el corazón revuelto y oprimido; lo único que quería era ver a Alejandro de inmediato. Condujo directo a la empresa y subió hasta el último piso del Grupo Zavala.

En la oficina de presidencia, Alejandro Zavala estaba concentrado en su escritorio, firmando documentos con una pluma estilográfica. Detrás de los ventanales se extendía el bullicio de la ciudad, lo que hacía resaltar aún más su aura fría y distante.

Sin necesidad de que nadie la anunciara, Jimena empujó la puerta y entró.

Alejandro levantó la vista y la miró, notando su mala cara. Arqueó una ceja.

¿Por qué?

¿Por qué Lucía tenía tanta suerte?

Jimena pensaba que, al pararse en la pista y coronarse campeona bajo la mirada de todos, había logrado el mayor reconocimiento. Nunca imaginó que, justo en ese momento, Lucía sería coronada con un título aún más deslumbrante...

—¿Qué pasa? —preguntó Alejandro, levantando la vista. Su voz era grave y serena.

Jimena reprimió la tormenta de emociones en sus ojos y negó suavemente con la cabeza.

—Nada, solo me parece espantoso... —hizo una pausa y añadió—: Ella es demasiado peligrosa.

Evitando el verdadero motivo de su angustia, Jimena cambió de tema y mencionó a su abuela:

—Por cierto, mi abuela llegó de Estados Unidos, y le gustaría verte.

Alejandro dudó un segundo y respondió con tono cortés:

—Hoy ya tengo compromisos. Por el momento, no me puedo desocupar.

Pero tampoco ofreció una fecha en la que estuviera disponible.

Lo dijo con un tono casi indiferente.

Jimena estuvo a punto de armarse de valor para decirle lo importante que era su abuela para ella, pero al final apretó los labios y no dijo nada.

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