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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 291

En el centro de esa pared húmeda y lúgubre de sus sueños, de nuevo aparecía aquella frase profundamente grabada: "ME ARREPIENTO". Pesaba sobre su vista. Esta vez él estaba consciente, y levantó la mano lentamente. Las venas de su dorso resaltaban, y las yemas de sus dedos estaban tan ásperas y rígidas que no parecían suyas.

Alejandro Zavala despertó de su sueño esa mañana.

Con el brazo apoyado casualmente sobre la frente, esta vez no estaba empapado en sudor frío; tan solo curvó lentamente los labios en una sonrisa silenciosa.

Por fin había entendido el patrón.

Cada vez que Lucía lloraba, era casi seguro que él tendría ese sueño por la noche. No fallaba. Ya se había convertido en un hábito del que no podía deshacerse.

...

Al día siguiente, hubo una inspección exhaustiva en el Consorcio García.

Lucía García y Julio García permanecieron en la fábrica, cruzando los registros de asistencia de los empleados de aquel día y verificando uno a uno a los que habían pedido permiso, buscando cualquier posible pista.

El accidente en el Consorcio García ya estaba en boca de todos y la imagen de la empresa se estaba viendo afectada. El lugar del siniestro había sido acordonado temporalmente, la policía ya había abierto una investigación y hasta los noticieros locales cubrieron la noticia.

En ese momento, lo que más les preocupaba a los hermanos no era la reputación de la empresa, sino el hecho de que nadie de la familia del fallecido había ido a reclamar el cuerpo.

La empresa ya se había preparado para el peor de los escenarios: el dinero de la indemnización y los fondos de apoyo estaban listos, solo esperaban a que los familiares aparecieran para cerrar el asunto de una vez por todas.

Pero, al final, no se presentó ni una sola persona.

Julio no paraba de hacer llamadas. La policía había llegado a primera hora. Aunque no había cámaras en el rincón del accidente, al revisar las grabaciones de la entrada descubrieron que, al atardecer, había ingresado alguien con casco y uniforme de trabajo montado en una motoneta. Su casco era peculiar, con una visera completamente negra que ocultaba su rostro, y su estatura coincidía con la del fallecido: medía casi un metro ochenta y cinco. Muy probablemente era el causante del accidente, pero nadie en la fábrica lo reconoció.

Con todo esto, prácticamente se podía llegar a una conclusión: ¡Esa persona no era un empleado del Consorcio García!

—Esto... por donde se le mire, no tiene sentido.

Por la noche, al regresar a casa, a Lucía le pareció todo cada vez más sospechoso. Si el muerto no era trabajador de la fábrica, entonces no había sido un simple accidente.

Ese pensamiento hizo que, después de bañarse, le diera miedo dormir sola.

Agarró su almohada y cobijas, y se fue a la habitación de Julio.

—Esta noche quiero dormir entre tú y Cristina —anunció.

A Julio se le oscureció el rostro.

—Mejor búscate un novio pronto. Ese Salvador Montero me parece un buen tipo. Cuando tengas pareja, tendrás a alguien que te acompañe a dormir.

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