Rara vez Julio publicaba algo en sus redes sociales, pero ese día lo hizo.
Alejandro Zavala lo vio.
Era una foto de Lucía comiendo pastel.
De pronto recordó, como en un destello, que exactamente hace tres años ella le había insistido sin parar para que pasaran su cumpleaños juntos.
Pero él nunca apareció. Al final, ella tampoco le hizo ningún reclamo.
Después de eso, simplemente dejó de buscarlo.
Quizás había sido por lo del cumpleaños que ella comenzó a portarse tan fría y distante con él.
Pensando en ello, Alejandro apenas dudó. Agarró las llaves del coche y condujo a toda velocidad hacia la casa de los García.
Durante todo el camino intentó llamarla, pero la línea no conectaba. Al llegar afuera de la villa, no tuvo más remedio que llamar al teléfono de Julio.
A Julio le sorprendió bastante recibir una llamada de Alejandro.
Y cuando le dijo que buscaba a su hermana, le pareció aún más extraño.
Julio fue a la habitación de Lucía. Ella acababa de dormirse y despertó sobresaltada.
—Es Alejandro Zavala en el teléfono.
Tomó el celular medio dormida, pero en cuanto escuchó la voz de Alejandro, el sueño se le espantó de golpe. Luego levantó la vista y se topó con la expresión rarísima de Julio, lo que le dio un vuelco al corazón.
Al mirar la pantalla, se dio cuenta: ¡Alejandro había llamado al celular de su hermano para buscarla a ella!
—Voy a salir un momento. —Lucía agarró la primera chamarra que encontró y se la echó encima.
Julio recuperó su teléfono, con cara de haber visto un fantasma.
—¿Para qué te busca?
—Ni yo lo sé.
Lucía se subió el cierre de la chamarra corta y salió a toda prisa, pensando que solo cruzarían un par de palabras y regresaría. Pero en cuanto se acercó, Alejandro la metió al coche a la fuerza y arrancó lejos de la casa.
Cuando llegaron afuera de un restaurante exclusivo, Lucía se miró las pantuflas peludas que llevaba puestas y su camisón blanco.
Alejandro la tomó de la mano y la hizo entrar sin permitirle protestar.
El restaurante estaba completamente reservado para ellos. La iluminación era tenue, se escuchaba la suave melodía de un violín y un joyero ya los esperaba a un lado. Lucía intentó zafarse varias veces, pero no lo logró sino hasta que se sentaron, cuando él finalmente la soltó.


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