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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 329

Al ver que ya se iban, un brillo calculador cruzó por los ojos de Daniela: —Mira esto, prima. Le voy a dar un empujoncito a su pretendiente.

Dicho esto, se levantó de su asiento.

Lucía y Adrián bajaron a la primera planta y caminaban despacio hacia la salida de la cafetería. Justo al salir, una figura apresurada apareció desde la esquina trasera y se abalanzó directamente sobre Lucía, chocando contra ella sin previo aviso.

Como Lucía estaba de espaldas, no se percató del peligro y no tuvo tiempo de esquivar el golpe. Adrián, que estaba hablando con ella en ese momento, lo vio y, por instinto, la tomó de la muñeca para jalarla hacia él con fuerza.

Al recibir ese impacto inesperado, Lucía perdió el equilibrio y cayó de lleno contra el pecho firme de Adrián, sin amortiguar el golpe.

Daniela soltó de inmediato una burla exagerada: —Uy, qué románticos. ¿Por qué no se casan de una vez?

Adrián captó la malicia escondida en sus palabras al instante. Sabía que, por su culpa, Lucía se había convertido en el blanco de burlas de otras personas, y una expresión de incomodidad se reflejó en su rostro.

Soltó a Lucía con delicadeza. —¿La conoces?

—No la conozco. Lo siento mucho, te metí en problemas. Supongo que me tiene envidia y por eso hizo esto —respondió Lucía, temiendo que el orgullo del chico hubiera sido herido—. Te invito a comer como disculpa.

Adrián agitó la mano, restándole importancia al asunto: —No te preocupes por eso, ni lo menciones. No tienes por qué invitarme a comer para disculparte. Fue un accidente y no fue tu culpa, así que no te sientas mal por mí.

Hizo una breve pausa, mirándola con ternura: —Pero ya es hora de almorzar. Si no te molesta, podríamos aprovechar e ir a comer juntos. Tómalo como una salida entre amigos, sin ninguna presión.

Lucía asintió un poco aturdida.

Lo siguió para ir a almorzar.

...

Más tarde, Noel sentía cierta duda de mostrarle las fotos a Alejandro, pero finalmente le entregó la tableta: —Señor Zavala, el señor Castañeda, la cita de hoy de la señorita García, es dueño de unas cuantas galerías de arte y de dos propiedades. Su nivel económico está muy por debajo del Consorcio García.

Alejandro miró la información y se quedó callado por un largo rato.

—Alguien me dijo alguna vez que Horacio García y su esposa eran unos trepadores sociales interesados en el poder y que Lucía había sido criada para ser igual de superficial e interesada.

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