Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 363

Mauricio mantuvo un semblante impasible, pero con un toque de altanería en su expresión: —¿Crees que a mi familia le falta dinero?

Su familia era bastante acaudalada, nunca les faltaron recursos económicos. De no ser por la enorme influencia de Alejandro, él habría salido de la cárcel en menos de tres días.

Mientras hablaba, la mirada de Mauricio descendió lentamente, con una mezcla de invasión y codicia, fijándose en la esbelta y curvilínea figura de Lucía. Insinuó: —¿Qué tal si me entregas el cuerpo que Alejandro ya disfrutó...?

—Entonces púdrete aquí adentro —lo interrumpió Lucía con frialdad.

En ese momento, entró un guardia penitenciario: —Mauricio Zarate, tienes otra visita.

Mauricio respondió con fastidio: —¿Quién es ahora?

—Alejandro Zavala.

Al escuchar el nombre, Mauricio frunció el ceño al instante: —Vaya coincidencia.

Sus ojos brillaron al comprender la situación, y miró con una risa grave a Lucía, cuyo rostro había palidecido. —¿Este Alejandro te puso un rastreador, verdad?

El primer instinto de Lucía fue huir, pero unos pasos claros y firmes ya se acercaban por el pasillo, bloqueándole cualquier vía de escape.

Al verla entrar en pánico como un animal acorralado, Mauricio se aferró a los barrotes helados, curvando los labios en una sonrisa burlona: —¿Qué tal si te escondes en mi celda? Ya no tienes escapatoria allá afuera.

Apenas terminó de hablar, los pasos se detuvieron en la puerta.

Lucía reprimió con fuerza el pánico que amenazaba con desbordarse, se esforzó por mostrar un semblante tranquilo e indiferente y se quedó quieta en su lugar.

La pesada puerta se abrió lentamente y Alejandro, con su figura imponente, apareció en el umbral. Su mirada se clavó de inmediato en Lucía; se acercó y le tomó la mano con naturalidad. —¿Qué haces en un lugar como este?

Lucía ya tenía lista una excusa: —Vine a preguntarle por qué anda diciendo que quiere matarme.

Alejandro preguntó: —¿Y bien? ¿Por qué?

—Dice que es porque en la preparatoria yo solía pelearme mucho con su sobrina, Sonia Zarate... Nada importante.

Mauricio soltó un bufido sarcástico. —Lucía, no inventes estupideces.

Siempre que Lucía iba en el auto, Mateo se mentalizaba para una rutina: aunque él era el único chofer oficial, los tres terminaban "conduciendo". Esos dos en el asiento trasero y él manejando de verdad.

Cuando la pasión los dominaba, les importaba poco quién estuviera delante.

Por eso, Mateo seguía prefiriendo mil veces a Jimena; al menos, cuando Alejandro estaba con ella, se comportaba como un ser humano civilizado.

Sin embargo, esta vez, poco después de que Mateo arrancara manteniendo la vista clavada al frente, escuchó un repentino quejido de dolor proveniente del jefe.

Mateo miró por el retrovisor: —¡Señor Zavala! ¿Se encuentra bien?

El perfil de Alejandro lucía tenso y endurecido; en su cuello destacaban varias marcas rojas de rasguños. Quedaba claro que había sido obra de Lucía.

—No es nada, concéntrate en manejar.

Alejandro se tocó el cuello y le dijo a Lucía con voz suave: —Tengo que reunirme con unos clientes más tarde.

Lucía respondió: —Te lo mereces.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero