Entrar Via

Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 46

Isabel levantó la vista para mirar a su amiga. —Lulú, no sé por qué, pero siento que te has vuelto mucho más amable. Tienes más paciencia que antes.

Ese cambio en Lucía la ponía genuinamente feliz.

Lucía solo sonrió sin decir nada.

La verdad era que, mentalmente, ya le llevaba unos cuantos años de ventaja, solo que Isabel no lo sabía.

—¿Tus papás ya volaron a Kuala Lumpur?

—Sí.

—¿Y por qué no te fuiste con ellos?

—Tengo cosas que hacer.

—Ay, Lulú, últimamente siempre estás tan ocupada —se quejó Isabel, haciendo un puchero.

De tanto comer, a Isabel le dieron ganas de ir al baño. —Voy al tocador, regreso en un minuto.

...

Al salir del baño, Isabel se topó de frente con Lucas Paredes en el pasillo del restaurante.

—¿Tú qué haces aquí?

Lucas se sorprendió al verla y frunció el ceño de inmediato. —¿Quién te habló de este lugar?

Actualmente, los únicos que conocían ese restaurante eran Alejandro Zavala, Jimena Jiménez, Gustavo Beltrán y él mismo. Jamás imaginó encontrarse con Isabel Luna ahí. Por suerte, solo era ella. Mientras no abriera la boca...

—Lulú me trajo.

El rostro de Lucas cambió drásticamente. —¿Ella también está aquí?

—¿Qué pasa? ¿No puede venir? —Isabel frunció el ceño, molesta—. ¿Acaso el lugar es tuyo?

—No es mío, pero casi. Alejandro lo compró hoy con la intención de regalárselo a Jimena, solo porque a ella le pareció que la comida era rica.

—¡¿Qué dijiste?! —Isabel dio un pisotón de pura indignación, dio media vuelta y regresó furiosa al reservado.

»Qué lástima que a Jimena, Alejandro le regale restaurantes enteros, y a ti, nadie esté dispuesto a pagarte ni la cuenta.

Lucía contuvo a una enfurecida Isabel y miró a Lucas con frialdad.

—¿Todo esto para decir que vine hasta aquí porque sigo enamorada de Alejandro? Pierde cuidado. Aparte de su cara bonita, ese hombre tiene el corazón podrido. Si yo siguiera sintiendo algo por él, sería peor que un perro callejero.

—¡Perfecto! —Lucas aplaudió con sorna—. Asegúrate de cumplir tu palabra.

Dicho eso, salió del reservado.

Lucía tomó a Isabel del brazo y se marchó a paso firme; no volvería a pisar ese restaurante en su vida.

Lo que no esperaba era que, al salir al pasillo, Alejandro Zavala estuviera parado justo en el medio. Parecía que acababa de terminar una llamada, pues aún sostenía el celular entre los dedos. Emanaba un aura de pereza y elegancia innata. Quién sabía si había escuchado la conversación.

Él le dirigió una mirada fugaz, la ignoró por completo y entró a su reservado.

A Lucía ya no le importaba si la había escuchado o no.

Sin soltar a su amiga, dio media vuelta y abandonó el lugar.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero