Isabel levantó la vista para mirar a su amiga. —Lulú, no sé por qué, pero siento que te has vuelto mucho más amable. Tienes más paciencia que antes.
Ese cambio en Lucía la ponía genuinamente feliz.
Lucía solo sonrió sin decir nada.
La verdad era que, mentalmente, ya le llevaba unos cuantos años de ventaja, solo que Isabel no lo sabía.
—¿Tus papás ya volaron a Kuala Lumpur?
—Sí.
—¿Y por qué no te fuiste con ellos?
—Tengo cosas que hacer.
—Ay, Lulú, últimamente siempre estás tan ocupada —se quejó Isabel, haciendo un puchero.
De tanto comer, a Isabel le dieron ganas de ir al baño. —Voy al tocador, regreso en un minuto.
...
Al salir del baño, Isabel se topó de frente con Lucas Paredes en el pasillo del restaurante.
—¿Tú qué haces aquí?
Lucas se sorprendió al verla y frunció el ceño de inmediato. —¿Quién te habló de este lugar?
Actualmente, los únicos que conocían ese restaurante eran Alejandro Zavala, Jimena Jiménez, Gustavo Beltrán y él mismo. Jamás imaginó encontrarse con Isabel Luna ahí. Por suerte, solo era ella. Mientras no abriera la boca...
—Lulú me trajo.
El rostro de Lucas cambió drásticamente. —¿Ella también está aquí?
—¿Qué pasa? ¿No puede venir? —Isabel frunció el ceño, molesta—. ¿Acaso el lugar es tuyo?
—No es mío, pero casi. Alejandro lo compró hoy con la intención de regalárselo a Jimena, solo porque a ella le pareció que la comida era rica.
—¡¿Qué dijiste?! —Isabel dio un pisotón de pura indignación, dio media vuelta y regresó furiosa al reservado.

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