Camilo miró a Lucía sin decir una palabra.
Lucía apretó los labios y murmuró suavemente: —Doña Leonor, Noel, por favor, déjennos a solas un momento. Confío en que Camilo no hará ninguna locura.
Noel no tenía ninguna intención de salir.
Fue Leonor de Zavala quien tiró de ella para llevársela.
Apenas cruzó la puerta, Noel llamó de inmediato a Alejandro.
Pero la llamada no conectó...
Camilo Zavala se quedó sentado sin cambiar de expresión. Clavó la mirada en Lucía y le preguntó en tono de reproche: —Lucía, ¿ustedes dos han estado jugando con Jimena desde el principio?
Lucía apretó los puños y explicó: —No sé qué mentiras te haya contado Jimena, pero fue ella quien regresó al país por su cuenta y trató de empujarme cuando sabía que yo estaba embarazada. Al final, fue ella misma quien cayó por las escaleras... ¿Acaso no es culpa suya?
Camilo negó con la cabeza, su tono estaba lleno de indignación. —¡Ella ha sido tu escudo todos estos años! ¡Siempre creí que la mujer a la que Alejandro amaba era ella, y por eso, influenciado por él, la atropellé varias veces!
»Alejandro y tú la usaron como un simple peón de ajedrez para su diversión. Desde el primer momento, la única que salió lastimada y forzada a soportar todo el dolor ha sido ella.
Lucía se dio cuenta de que Camilo realmente sentía lástima por Jimena; esa mujer ya había ganado un lugar importante en su corazón.
—Camilo, entiendo que te enamoraste de la tutora en su momento. Al verla luchar a pesar de su pobreza, seguramente viste en ella un gran espíritu de superación. Pero en el caso de Jimena... ella no es lo que imaginas, ni tampoco es tan inocente.
Camilo replicó: —Jimena también me acompañó a limpiar mesas, sacar la basura y lavar platos en el extranjero.
—Se nota que no la pasaste bien afuera... —Lucía no sabía que Leonor le había cortado los fondos económicos a Camilo. Si lo hubiera sabido, también lo habría ayudado económicamente...
Lucía intentó mantener la calma: —Pero Camilo, quien lastimó a Jimena fuiste tú, no nosotros.
—¡Alejandro me manipuló!
Camilo estalló en furia: —¡Usó mis manos para hacer el trabajo sucio! Durante todos estos años la atropellé tantas veces, ¿acaso ustedes se escondían a mis espaldas riéndose de mí como si yo fuera un chiste?
Lucía se quedó atónita al escuchar eso.

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