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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 727

La señora Zavala tenía un porte sereno y elegante. Mientras bailaba con Alejandro, los destellos de luz parecían posarse sobre ella; con cada giro, su vestido ondeaba suavemente, capturando las miradas de todos los presentes en la pista de baile. Sin lugar a dudas, se había convertido en la figura más deslumbrante de la noche.

Al darse cuenta de ello, muchas parejas que recién entraban a la pista decidieron retirarse a los bordes de manera voluntaria, pues no querían quedar como simples adornos frente a ellos dos.

Al compás de la dulce melodía, los ojos de todo el salón se clavaron en la pareja que dominaba el centro. Los invitados murmuraban asombrados:

—Verdaderamente nacieron el uno para el otro.

—Había rumores de que no se llevaban bien, pero viéndolo bailar con ella de forma tan romántica, está claro que todo era mentira.

—Miren los ojos del señor Zavala. No ha dejado de mirarla ni por un segundo. Eso no se parece en nada a un matrimonio en crisis.

Cuando la romántica pieza musical llegó a su fin, Alejandro colocó su mano en la cintura de Lucía y ambos caminaron lentamente fuera de la pista. Fue entonces cuando el ambiente festivo, que se había visto opacado por la imponente presencia de la pareja, volvió a encenderse, y los invitados que esperaban a un lado finalmente se animaron a bailar.

Durante la segunda mitad de la cena, Alejandro no se quedó de brazos cruzados. Aprovechando el evento, tomó la iniciativa para establecer contactos y cerrar varios acuerdos comerciales importantes en nombre de la familia García. Se movió con soltura entre los peces gordos de la industria, charlando con humildad pero demostrando un profundo conocimiento sobre los proyectos del Consorcio García mientras representaba a su esposa.

Algunos colegas y amigos del sector lo notaron y bromearon con él:

—Señor Zavala, veo que le pone más entusiasmo a conseguirle negocios a su cuñado que a sus propios proyectos tecnológicos.

Al escucharlos, Alejandro simplemente esbozó una sutil sonrisa.

Lucía, sin poder evitarlo, le lanzó una mirada de reojo.

Esa noche estuvieron ocupados hasta muy tarde. A la mañana siguiente, apenas Lucía se levantó, comenzó a preparar los platillos favoritos de su padre para la ofrenda.

Cuando Alejandro bajó a desayunar, al pasar por el comedor, la vio parada frente a la estufa friendo bacalao, con varios platillos de vegetales perfectamente acomodados a un lado.

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