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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 729

Antes de partir, Lucía preparó un botiquín extra con medicinas básicas para la gripe y la tos, pensando en el niño.

Siempre era mejor prevenir, sobre todo porque buscar atención médica durante un viaje podía ser un dolor de cabeza. Por petición de Ricardo y su esposa, primero viajarían por el país. Solo cuando Béisbol se acostumbrara a ese estilo de vida nómada, cruzarían las fronteras hacia el extranjero. Lucía había accedido a ese plan. Sin embargo, el día de la partida, Alejandro Zavala desapareció desde muy temprano.

Lucía lo llamó varias veces, pero él no contestó, así que decidió marcarle a Mateo Vicario.

A través del auricular, Lucía le indicó: —Avísale a Alejandro que también me llevaré a Doña Juana. Béisbol aún es muy pequeño, y como nos quedaremos en casas de alquiler, ella podrá ayudarnos con la comida casera. Así podré relajarme un poco más.

A su lado, Doña Juana asentía con entusiasmo. Como empleada interna, la idea de viajar le encantaba; de hecho, fue ella misma quien se ofreció a acompañarlos a última hora.

—Entendido, señora. Pero el jefe no está en la oficina en este momento... En cuanto regrese, le daré el recado —respondió Mateo.

Lucía tamborileó suavemente los dedos contra el celular. Una fugaz punzada de decepción le atravesó el pecho. Él no estaba.

Estaban a punto de emprender un viaje largo y él ni siquiera se asomaba para despedirlos. ¿De verdad estaba tan ocupado?

—Está bien —murmuró Lucía, bajando la mirada antes de colgar.

Doña Juana revisó el equipaje por enésima vez, mientras Bruno y Vicente cargaban las maletas una por una en el maletero de la camioneta.

Lucía estaba a punto de subir al vehículo cuando un elegante auto negro se detuvo lentamente frente a la puerta. Era Alejandro; había llegado a tiempo.

—¡Papá! —gritó Béisbol, con los ojitos brillando de alegría al reconocer la figura familiar.

Alejandro se acercó, tomó al niño en brazos y le dio un sonoro beso en la mejilla. —Tienes que portarte muy bien y hacerle caso a tu mamá en el viaje, ¿de acuerdo?

—¡Sí, sí! —asintió el niño, soltando una risita.

Con voz suave, Alejandro le preguntó: —Béisbol, ¿a qué lugar tienes más ganas de ir?

El pequeño levantó el rostro y respondió con entusiasmo: —¡A las pirámides!

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