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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 71

Al día siguiente.

Poco después de que Lucía llegó al trabajo, se encontró con Alejandro Zavala y su secretario, Mateo Vicario, en las instalaciones del Consorcio García.

La intención de colaborar entre ambas familias ya era un secreto a voces, por lo que no resultó extraño ver a Alejandro en las oficinas de García por iniciativa propia.

Sin embargo, cuando sus miradas se cruzaron, fue imposible evitarse. Lucía no tuvo más remedio que asentir con la cabeza y saludar: —Señor Zavala.

Alejandro la observó con sus ojos oscuros e inescrutables. Su rostro no mostraba la menor emoción al responder fríamente: —Señorita García.

Después de ese saludo de mera cortesía, pasaron de largo.

Alejandro dio un par de pasos más y se detuvo ligeramente para mirar hacia atrás. La figura de Lucía se alejaba, y con ella, parecía haberse desvanecido aquella niña que alguna vez lo llamaba cariñosamente por su nombre de pila.

Aunque, en realidad, tampoco era algo que le quitara el sueño.

Mateo notó la pausa de su jefe. Frunció el ceño y evaluó la espalda de la mujer que se marchaba, con los ojos llenos de suspicacia.

Pero antes de poder darle más vueltas al asunto, el presidente Zavala reanudó el paso, y él se apresuró a seguirlo.

Ese día, Horacio García estaba visitando una de las fábricas y no se encontraba en el edificio. El encargado de recibirlos y de dar seguimiento al proyecto era Julio García.

La reunión con Alejandro serviría para afinar los detalles de la colaboración.

Cuando Julio y Alejandro empezaron a discutir en la sala de juntas, Lucía entró por su cuenta y se sentó discretamente junto a su hermano, sin hacer el menor ruido.

Mateo, el secretario, notó su presencia. Durante toda la junta, la joven se mantuvo atenta.

Sin embargo, era un misterio cuánto de todo eso realmente comprendía.

Después de todo, conociendo a la antigua Lucía, lograr que se quedara sentada en una silla durante media hora ya era un milagro.

Era evidente que estaba intentando superarse.

O, para ser más exactos, que intentaba lucirse frente a Alejandro.

Mateo esbozó una sonrisa mental, convencido de que los esfuerzos de la señorita García serían inútiles.

Julio se quedó paralizado. No esperaba que fuera tan rápido...

Alejandro ya estaba reconociendo abiertamente su relación con Jimena.

Julio hizo una pausa y giró la vista hacia su hermana...

Lucía estaba de pie, unos pasos atrás, con una expresión de total indiferencia.

En cambio, fue Mateo quien le lanzó otra mirada de soslayo.

—Será para la próxima, entonces —Julio restó importancia al asunto y el grupo abordó el elevador.

En ese momento, el señor López, uno de los socios del Consorcio García, vio a Alejandro y se acercó presuroso a estrechar su mano. —Presidente Zavala, tanto tiempo sin verlo.

—Un gusto saludarlo.

—Me enteré de que está saliendo con la heredera de los Jiménez. Con su novia de regreso de Estados Unidos para apoyarlo, y con sus credenciales académicas... ¡menuda alianza! El Grupo Zavala tiene el éxito asegurado.

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