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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 30

Le entregó la hoja de evaluación a la doctora, diciendo un simple: —Listo.

La mujer salió a toda prisa del consultorio.

Sin ninguna prisa, el doctor Lázaro tomó su celular y marcó un número.

—¡Señor Vidal! Su esposa acaba de traer al niño para los exámenes previos al implante coclear.

¡Estaba hablando con Vidal!

El oído de Selena captó el nombre al instante. Con disimulo, sacó su teléfono, activó la grabadora de voz y, para no levantar sospechas, siguió comunicándose con Leo en lenguaje de señas mientras escuchaba atentamente.

—Señor Vidal, me está pidiendo un imposible —decía el médico del otro lado—. Si vuelvo a alterar los parámetros de su audífono y le subo la frecuencia, le causaré un daño irreversible. Sentirá un dolor punzante en el canal auditivo y, en el peor de los casos, le perforará el tímpano. Si eso pasa, jamás podrá ser candidata para un implante coclear... Señor Vidal, soy un profesional de la salud, esto no es cuestión de dinero... ¡Jajajaja! Vaya, siempre tan generoso. Muy bien, así lo haremos entonces.

Selena clavó las uñas en las palmas de sus manos. Una furia volcánica brotó de su pecho, quemándole la sangre y haciéndola temblar de pies a cabeza.

¡Todo era mentira!

Sordera adquirida no apta para cirugía: falso.

Hipersensibilidad extrema a los audífonos: falso.

¡Vidal había sobornado al médico para condenarla a vivir en un mundo de silencio absoluto por el resto de su vida!

¡Maldito monstruo!

La rabia latía detrás de sus ojos, tan intensa que sentía el sabor a sangre en la boca.

Con las yemas de los dedos pálidas y temblorosas, Selena se volvió a colocar el audífono.

El doctor Lázaro la miró de reojo y colgó apresuradamente.

—Señora, buenas noticias. El niño califica perfectamente. En un mes podremos realizar el implante coclear y ya no necesitará el audífono para escuchar.

Selena usó hasta la última gota de autocontrol para forzar a los músculos de su rostro a formar una sonrisa de alivio.

—¡Qué maravilla! Doctor, es usted un ángel, tiene un corazón de oro.

El médico le hizo un gesto con la mano para que se acercara, fingiendo amabilidad.

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