Selena estiró la mano para tomar la demanda que Vidal le tendía.
Los labios de Vidal se curvaron en una sutil sonrisa de victoria.
Sabía que Selena era dócil y siempre obedecía sus palabras.
Sin embargo, al segundo siguiente...
Selena apretó el documento con todas sus fuerzas y le cruzó la cara a Vidal con él.
El golpe resonó nítido y estridente.
El eco de la bofetada vibró a lo largo de los silenciosos pasillos del hospital.
El apuesto rostro de Vidal quedó volteado a un lado por la fuerza del impacto.
El tiempo pareció congelarse.
Tras una eternidad de silencio, la miró con absoluta incredulidad. —¿Me acabas de golpear?
A Selena le temblaba la mano. Sintió ese familiar sabor metálico de la sangre subiendo por su garganta, pero lo reprimió con toda su fuerza de voluntad. —Este golpe fue por la abuela. Ella te crió con lágrimas y sudor. La atacaron, casi la matan, ¿¡y tú tienes el descaro de encubrir a la culpable!?
—¡Voy a demandar a Mireya! ¡Voy a desenmascararla frente a todo el mundo! ¡Haré que pague cada una de sus maldades y me encargaré de que se pudra en la cárcel!
Vidal tomó aire lentamente. —Ya me pegaste, ya me insultaste. ¿Ya podemos hablar como adultos?
Selena dio un paso al frente.
Levantó la barbilla, con una mirada gélida. —¿No decías que detestabas a Mireya? Yo misma te tuve que rogar que la trataras como a una hermana menor. ¿A qué viene tanto interés y devoción por ella ahora?
Vidal frunció el ceño con irritación. —Selena, ¿a qué quieres llegar? Solo te enfocas en el cambio de mi actitud hacia ella, ¡pero decides ignorar convenientemente todo lo que ha sacrificado por nosotros!
—Cuando te negabas a asistir a los banquetes y cenas de negocios, era Mireya quien se quedaba a brindar hasta el colapso. Cuando odiabas codearte en eventos sociales, ella brillaba resolviéndolo todo con una sonrisa. ¡Si no fuera por su esfuerzo, tú no podrías darte el lujo de vivir tan tranquila!
Selena se dio media vuelta y volvió a sentarse. —¿Ah, sí? ¿Quieres que le dé las gracias encima?
Vidal se puso en cuclillas frente a ella. —No me refiero a eso. Selena, entiende. Mireya es mi asistente, tiene el control de muchas operaciones clave. Si la arrastras a un juicio, no encontraré un reemplazo pronto. Esto generará pérdidas millonarias para el Grupo Paredes.
—Hagamos un trato. Cuando la abuela se recupere, obligaré a Mireya a arrodillarse y pedirle perdón. Sé que Adrián tiene que renovar el pago del equipo médico de soporte vital. Me haré cargo y cubriré tres años por adelantado.
Ese era el precio que Vidal estaba dispuesto a pagar para salvar a Mireya.
O, mejor dicho...
Era un chantaje.

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