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Tres años a tus pies, hoy te los rompo romance Capítulo 3

Al escuchar eso, la expresión de Adrián se congeló.

Un destello de alegría cruzó por sus ojos, pero al instante fue reemplazado por una profunda angustia que no pudo ocultar.-

Él no podía permitirse divorciarse de Estela.

Al ver que Adrián se quedaba callado, Estela tiró de su corbata, obligándolo a acercarse.

El aliento de ella rozaba su cuello. Aunque era cálido, Adrián sintió un escalofrío en todo el cuerpo.

Ella le susurró al oído:

—Si quieres, te concedo el deseo.

Las palabras fueron suaves, pero Adrián sintió un peligro inminente. La miró incrédulo.

¿Concederle el deseo? ¡No, era imposible!

Esta maldita mujer sabía perfectamente que él no podía divorciarse. Seguramente solo estaba haciéndose la difícil.

Pensando en eso, Adrián apretó los dientes.

—Deja de fingir.

Hace tres años, ella había suplicado casarse con él aportando una dote de quinientos millones de pesos. Y ahora venía con el cuento de ceder su lugar. Era una actriz de primera.

Lástima que, sin importar lo que hiciera, él nunca la amaría.

Además, él solo quería que Benita no muriera; jamás pensó en divorciarse de Estela para casarse con su amante.

Los mayores de la familia Serrato y su hermano mayor jamás lo permitirían.

Al ver la actitud acobardada de Adrián, Estela lo soltó con asco y se levantó.

Adrián se puso de pie tambaleándose.

Antes de que Estela pudiera hablar, él se adelantó:

—El puesto de mi esposa siempre será tuyo. Pero aparte de ese título, no te hagas ilusiones de conseguir algo más.

Mientras hablaba, se sentó en el sofá sujetando su mano destrozada.

Tenía los huesos dislocados, la mano completamente hinchada y el abdomen le ardía del dolor.

Estela arqueó una ceja.

Adrián continuó:

—Nunca pensé en casarme con ella, así que no amenazará tu posición en la familia Serrato.

Estela soltó una carcajada burlona.

—¿No lo pensaste, o no te atreves a pensarlo?

Esos buitres de la familia Serrato la detestaban, pero al mismo tiempo no querían perder esos quinientos millones.

Era cierto que durante estos tres años nadie había amenazado directamente su puesto.

Pero aunque su título estuviera seguro, ¡las humillaciones a puerta cerrada no habían faltado!

Su sarcasmo directo hizo que el rostro de Adrián se oscureciera aún más.

Capítulo 3 1

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