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Tres años después, tu arrepentimiento me da risa romance Capítulo 7

Una sombra de impaciencia cruzó por la mirada de Rodrigo.

Apartó sus ojos fríos de ella, mientras el zumbido de las voces a su alrededor seguía taladrándole los oídos.

—¡Profesora Quinn, su prometido no solo es guapísimo, también es súper atento! ¡Pase el secreto para conseguir a alguien así!

—¡Sí, profesora, cuéntenos cómo le hizo!

Con una sonrisa radiante, Quinn se aferró aún más al brazo de Rodrigo.

—Simplemente fue obra del destino.

Viviana escuchaba la farsa, sintiendo cómo le robaban hasta la última gota de energía. Respirar se volvió una tarea pesada.

La amargura acumulada en su pecho amenazaba con asfixiarla.

Recuerdos que creía enterrados volvieron a golpearla de repente.

Años atrás, cuando iba a competir en su primer torneo internacional, le suplicó a Rodrigo que asistiera para apoyarla.

Pero él siempre estaba «demasiado ocupado».

Viviana nunca tuvo más remedio que tragarse la decepción con una sonrisa forzada.

Esperó con ilusión, pero él jamás apareció en el público.

Y ahora, en un día de oficina cualquiera, se presentaba sin problemas.

¿Todo porque se trataba de Quinn?

Frustrada y al borde del llanto, Viviana le escribió furiosa a Gaby.

La respuesta de su amiga no tardó en llegar:

[¡Hijos de perra! ¡¿Cómo se atreven a restregarte su teatrito en la cara?!]

[¡Tú tranquila, Vivi! ¡Nadie hace sentir menos a mi amiga. Dame cinco minutos!]

Viviana frunció el ceño frente a la pantalla, sin entender a qué se refería. Sin embargo, minutos después, el alboroto dentro de la academia fue ensordecedor.

Diez lujosas camionetas negras de modelo reciente acababan de estacionarse en fila frente a la entrada principal.

Todas las compañeras corrieron a los enormes ventanales, embelesadas.

—¡Por Dios! ¿Quién viene con semejante escolta?

—¡Mira quiénes se están bajando, están guapísimos!

Viviana tuvo el presentimiento de que se venía un desastre.

En cuestión de segundos, diez modelos de pasarela impresionantes descendieron de los vehículos. Algunos lucían estilos misteriosos, otros tenían sonrisas encantadoras; cada uno era un espectáculo visual.

Con pasos sincronizados, los diez hombres entraron y rodearon a Viviana.

—Señorita Viviana, hemos venido a escoltarla a casa.

—Permítame llevar su bolso, señorita. ¿Hay algo más que necesite?

Los modelos parecían sacados de una película. Uno le tomó el bolso con extrema delicadeza, otro le ofreció un café de su cafetería favorita, y todos la siguieron como si fuera la realeza.

Incluso antes de que subiera a la camioneta principal, uno de ellos extendió una alfombra roja y otro le abrió la puerta con una reverencia.

Las compañeras de oficina se quedaron con la boca abierta, rojas de la impresión e incapaces de articular una sola palabra.

La sonrisa de Quinn se hizo pedazos.

Se apegó desesperadamente a Rodrigo, intentando aparentar indiferencia, pero la envidia se notaba a kilómetros.

En ese instante, Rodrigo retiró su brazo bruscamente. Quinn abrió los ojos, sorprendida, e intentó volver a sujetarlo, pero agarró solo aire.

Los ojos de Rodrigo ardían en ira contenida, y su rostro era una tormenta a punto de estallar.

«Vaya, Viviana. Tres años desaparecida y aprendiste un par de trucos nuevos, ¿eh?»

Ayer le presume que tiene novio, y hoy manda a diez modelos a recogerla al trabajo.

¡Parecía que su vida sin él había sido una verdadera fiesta!

¿Cómo se atrevía?

Mientras tanto, la gran protagonista de la escena ya estaba dentro de la lujosa camioneta, completamente ignorante del drama que había dejado atrás. Lo primero que hizo al sentarse fue llamar a su amiga.

—¡Estás completamente loca! ¡Casi me muero de la vergüenza!

A pesar del reclamo, al recordar la cara de estupefacción de Rodrigo y Quinn, una ola de satisfacción la invadió.

Capítulo 7 1

Capítulo 7 2

Capítulo 7 3

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