Esa era la idea de responsabilidad de Luciano Larios.
A Rocío se le rompió el corazón al escucharlo. Pensaba que, aunque Luciano fuera tacaño con el dinero, al menos le daría algún tipo de compensación emocional.
Pero él se estaba lavando las manos por completo, ni siquiera estaba dispuesto a tener contacto directo con ella.
Si tan solo hubiera dicho que la cuidaría personalmente, Rocío no habría sabido cómo expresar su inmensa alegría.
Tras decir eso, Luciano se puso de pie.
—Tengo que irme. Deja que tu papá te haga compañía.
—¿T-te vas? —Rocío empezó a lloriquear de inmediato—. No te vayas, ¿sí?
Con los ojos llenos de lágrimas, hizo un puchero y tomó la mano de Luciano. Aún tenía la aguja de la vía intravenosa en el dorso de la mano.
Se veía increíblemente frágil y desamparada.
Gustavo Luján entró al quite de inmediato:
—Luciano, quédate con ella un rato. No es como si no hubieras pasado la noche en vela antes. Rocío acaba de perder sus piernas. Sin ti, este golpe la destruirá por completo.
Si hubiera sido antes, Luciano quizás se lo habría creído. Pero acababa de escuchar claramente cómo ese hombre celebraba con entusiasmo.
No había ni rastro del dolor que ahora aparentaba.
Luciano sentía dudas en su corazón y no quería ceder. Además, tenía otras cosas que hacer, así que retiró su mano con suavidad.
—Sé buena, Rocío. Tienes a tu papá, que te ha cuidado por más de veinte años, haciéndote compañía. Podrás superarlo.
La mirada de Luciano se posó en Gustavo. Tenía la nariz roja, lo cual, por supuesto, era porque se había golpeado tan fuerte que sangró y los capilares se habían dilatado.
Rocío se negaba a aceptarlo.
—Lucho, has cambiado. Antes no eras así. Podías quedarte toda la noche conmigo cuando me hacían un lavado gástrico, pero ahora que he perdido las piernas...
Empezó a llorar de nuevo.
—¡Luciano, han pasado dieciocho años! Desde que te conocí hace dieciocho años, la primera persona a la que deseo ver al despertar cada día, eres tú. Pero el tiempo que me dedicas es cada vez menor. Lo único que veo a diario es el frío techo de mi habitación.

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