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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 152

Rocío quedó paralizada ante la gélida actitud de Luciano.

Aún no lograba procesar lo que estaba pasando.

Rompió a llorar, incrédula.

—Yo... todo lo hice porque te amo demasiado. Tú me obligaste... te amo, pero no querías casarte conmigo. Prometiste que no amarías a nadie más, que no te casarías con otra. Rompiste tu promesa, Lucho. Me convertí en esto por amarte tanto.

—¡Cállate de una vez, Rocío! ¡Ve y abórtalo o no me culpes de lo que pase! —gruñó Luciano en voz baja, pero feroz.

Él sabía que Rocío no tenía a nadie que la protegiera en el país, ni siquiera un lugar donde caer muerta.

Si no se sometía a la cirugía por las buenas, él se encargaría de obligarla.

Aunque sabía que el bebé era inocente, dejarlo nacer solo terminaría hundiéndolo por completo.

Por un instante, Luciano sintió un instinto asesino.

De repente, el sonido de las sirenas cortó el aire.

Hanna había regresado, y la policía venía con ella.

Los invitados, que ya pensaban retirarse, se detuvieron para ver qué más ocurría. El cuello de Hanna estaba vacío; había denunciado el robo de un collar valuado en millones de dólares, la famosa gargantilla Aurora.

Debido al exorbitante valor de la joya, los organizadores y las autoridades locales tomaron el asunto con extrema seriedad. Si se confirmaba el robo, el culpable enfrentaría más de diez años de prisión.

La policía acordonó el lugar inmediatamente, prohibiendo que alguien saliera.

Rocío palideció y se escondió detrás de Luciano, intentando que él la cubriera.

Pero los oficiales se dirigieron directamente hacia ella.

—¿Qué quieren? —preguntó Rocío a la defensiva.

—Acabamos de recibir una denuncia de la señora Larios —explicó una oficial—. Afirma que usted la siguió al baño y que, al salir, su joya había desaparecido. Es usted la principal sospechosa del robo de una gargantilla, por lo que debemos investigarla.

Los ojos de Rocío se abrieron de par en par.

—¡Me está calumniando! ¡Miente! Ella me atacó a propósito y ahora finge que le robaron para incriminarme. ¡Yo no robé nada!

La multitud, lejos de molestarse por la interrupción, observaba fascinada. Inicialmente les había irritado el encierro, pero entendieron que con una joya de tanto valor desaparecida, colaborar con las autoridades era lo correcto.

—Señorita, los videos de seguridad del pasillo confirman que usted siguió a la señora Larios e ingresó al área privada justo detrás de ella. Además, encontramos huellas en el cuello de la víctima. Solo necesitamos compararlas con las suyas para confirmar si fue usted. Acompáñenos —insistió la oficial.

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