—¡Qué emoción! ¡Qué suerte tenemos de que la novia del gran jefe venga a trabajar con nosotros!
—Totalmente. Si una heredera millonaria quiere venir a trabajar, es porque de verdad tiene talento además de dinero.
—Ya quiero verla. Seguro es una diosa. Va a ser un placer trabajar con alguien así de inspiradora.
Las compañeras seguían cuchicheando cuando vieron que Hanna se ponía de pie. Pensando que también bajaría a la reunión, se callaron de golpe.
A fin de cuentas, ella era la ingeniera en jefa que acababa de cavar su propia tumba y estaba a punto de ser reemplazada.
Para su sorpresa, Hanna no mostró ni una pizca de enojo. Con una expresión imperturbable, salió de su cubículo y subió al elevador junto a ellas.
Al llegar a la planta baja, todos se dirigieron hacia la gran sala de conferencias. De pronto, vieron venir en dirección contraria a Rocío, flanqueada por cuatro de los altos directivos de la empresa.
Los ejecutivos la rodeaban con actitud servil, desviviéndose por complacerla en todo.
—Ha sido un placer recorrer las instalaciones con ustedes, gerentes. Qué amables —decía Rocío con una sonrisa radiante.
Vestida de pies a cabeza con ropa de diseñador y joyas deslumbrantes, Rocío destilaba el aura de una mujer rica y poderosa. Hablaba con una falsa cortesía que dejaba en claro que ya se sentía la dueña y señora del imperio, tratando a los gerentes como si fueran sus subordinados.
—Por favor, señorita Luján, dada su estrecha relación con el Señor Larios, es nuestro absoluto deber —respondieron los directivos, riendo nerviosamente para adularla.
—Sí, por supuesto.
Como Hanna pasaba sus días encerrada programando en el piso 32, los directivos de otras áreas ni siquiera sabían quién era. Al ver a una simple ingeniera ignorando a la invitada de honor, la fulminaron con miradas de desprecio.
Hanna intentó seguir su camino sin prestarle atención, pero Rocío le agarró la mano con fuerza.
—Hanna, ¿a dónde vas? ¿No te vas a quedar a la junta?
Uno de los gerentes frunció el ceño con indignación.
—Oye tú, ¿de qué departamento eres? Si tuviste el privilegio de ir a la misma universidad que la señorita Luján, deberías tener algo de educación. ¡No tienes nada de modales! "La señorita Luján te está hablando, ¿cómo te atreves a ponerle esa cara?

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