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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 236

Entre todos los ingredientes que había en la cocina, él había elegido exactamente lo que a ella más le gustaba.

Preparó algo rápido para que ella pudiera comer pronto y seguir descansando.

Ese nivel de atención y cuidado por cada detalle de su vida era abrumador.

Ella había hecho exactamente lo mismo por Luciano en el pasado.

Recordaba todo lo que él no podía comer, cuánta azúcar y leche llevaba su café.

Sabía a qué lugar llevar sus trajes, qué le gustaba, qué detestaba, todas sus manías y costumbres, cuidando cada mínimo detalle.

Y sin embargo, Luciano nunca lo valoró. Lo daba por sentado, sin devolverle jamás ni un gramo de ese esfuerzo.

Pero esto no era algo que surgiera de la nada; solo alguien que de verdad ponía su corazón en ello podía ser tan detallista.

Así se sentía ser valorada, ser tratada como un tesoro.

Damián notó enseguida la presencia de Hanna.

Al girarse, su mirada se suavizó al instante. Extendió un brazo y la atrajo hacia él con ternura.

—¿Tienes hambre, preciosa?

Hanna salió de sus pensamientos y asintió.

Se dio cuenta de que él la tenía abrazada.

Con una mano le rodeaba la cintura suavemente.

Con la otra, revolvía el burbujeante caldo de la sopa con un cucharón.

Apagó el fuego, tomó un poco de sopa y, tras soplar suavemente para enfriarla, se la acercó a los labios.

No era una sopa cualquiera. El aroma era exquisito.

Llevaba cuadritos de jamón de la mejor calidad, trozos de res de primer nivel, verduras y una base espesa de mantequilla y tomate.

Hanna tomó un sorbo. Estaba realmente deliciosa.

Una sonrisa iluminó su rostro de inmediato.

Era un sabor familiar.

Pero al mismo tiempo sentía que nunca en su vida había probado algo tan rico.

—Qué delicia... —suspiró tras saborearla.

Damián sonrió levemente.

Le sirvió un tazón completo y lo puso en la mesa para que fuera comiendo.

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