A Hanna no le parecía nada simple. Con la voz áspera, respondió:
—¿Me estás pidiendo que le mienta a Don Ricardo y le diga que la mujer de las fotos soy yo?
El tono de Luciano era completamente calculador:
—La verdad es que no encuentro una mejor salida. No solo tendrás que decírselo a mi abuelo, también necesitaré que aclares la situación ante los medios. Así la opinión pública se calmará rápidamente. Al final, será lo mejor para el Corporativo Larios y para todos nosotros.
¿Para todos nosotros?
Los dedos de Hanna se apretaron por inercia.
Para él, lo único verdaderamente importante era proteger a Rocío.
Tal como había dicho, pasaría el resto de su vida cuidándole las espaldas.
Si la situación seguía escalando, Don Ricardo no tardaría en investigar y descubrir que la mujer que había provocado el escándalo del presidente de la compañía era Rocío.
Y considerando que el abuelo se había opuesto rotundamente a que Luciano se casara con ella en el pasado, si se enteraba, la echaría a la calle sin dudarlo.
Por eso Luciano estaba tan desesperado.
—De acuerdo.
Hanna soltó una carcajada amarga, aunque las lágrimas no dejaban de caer por sus mejillas.
—Yo los cubro.
Al otro lado de la línea, Luciano sintió primero un gran alivio y luego una ligera punzada de culpa.
Su tono frío se suavizó un poco:
—Hanna, sé que esto es injusto para ti. Te acabo de transferir un dinero como compensación. Cómprate lo que quieras.
En cuanto terminó la llamada, el teléfono de Hanna vibró con una notificación del banco.
Contó los ceros. Siete ceros. Luciano le había transferido veinte millones.
Una simple aclaración pública a cambio de varios millones. Para Hanna, el trato valía la pena.
Y para Luciano, usar el mismo dinero que gastaría sin pensar en una subasta para comprarle un capricho a Rocío a cambio de calmar las aguas, también era un negocio redondo.
Por eso, cuando Don Ricardo le ordenó a su asistente que la llamara, Hanna respondió con total naturalidad encubriendo la historia.
Luego abrió sus redes sociales. Apenas tenía unos cientos de seguidores, de los cuales la mitad eran parientes de la familia Larios que la habían agregado tras entrar al grupo familiar de WhatsApp.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó