—¿Volvemos a la mansión o vamos a Villa San Marcelo? O si prefieres, también podemos ir a Villa del Marqués.
Apoyada en él, Wendy se acarició el vientre abultado de forma distraída.
—Vamos a Villa San Marcelo —dijo después de pensarlo un momento.
Una chispa de sorpresa brilló en los ojos de César, seguida de una sonrisa.
—Perfecto, lo que tú digas.
Villa San Marcelo era su casa de recién casados. Era un lugar acogedor y moderno, una de las pocas villas con jardín privado en el corazón de la ciudad, un remanso de paz en medio del bullicio. Además, a diferencia de la mansión, allí había menos reglas, y tenía un ambiente más hogareño que la villa con vista al mar en Villa del Marqués. Pero, sobre todo, acababan de casarse y querían disfrutar de su vida de a dos.
A Salomé también le pareció una buena idea.
—Villa San Marcelo está bien. Queda cerca del hospital, por si surge cualquier cosa. —Luego, le recordó a César—: Ya hablé con la cocinera, irá todos los días a cuidar de Wendy. Le pedí que le prepare caldos y sopas ligeras.
—Mamá, no era necesario. Ya contraté un equipo profesional para que la asista durante el embarazo y también mandé a un grupo de empleados de confianza para que se encarguen de todo allá.
—Bueno, está bien. De todas formas, si necesitan algo, no duden en llamar.
—Gracias, mamá. —César ayudó a Wendy a subir al carro, con un cuidado que parecía tratarla como un tesoro frágil.
Justo cuando la puerta se cerró, Wendy se giró hacia él.
—Pensaste que elegiría la mansión, ¿verdad?
César le tomó la mano, dibujando círculos en el dorso con el pulgar.
—Cualquier lugar que eligieras estaría bien. Pero… es cierto que en Villa San Marcelo tendremos más libertad. —Se acercó un poco más y bajó la voz—. Por la noche podremos hacer lo que queramos sin preocuparnos por los demás. Y no tendremos que madrugar para desayunar con papá.
Wendy se sonrojó y le dio un golpecito.
—¡Qué ocurrencias tienes!
—¿Qué ocurrencias? —César rio y la abrazó.
—¡Pesado!
Wendy levantó la vista y se encontró con su mirada llena de cariño. Una sonrisa se dibujó en sus labios.
—Y… ¿mis regalos?
—Ya te están esperando en Villa San Marcelo —dijo César con aire de suficiencia—. Te garantizo que te llevarás una sorpresa.
Wendy resopló, pero por dentro, la emoción crecía. El carro avanzaba con suavidad hacia Villa San Marcelo, y el interior se llenó del delicado aroma de las gardenias.
—Oye, por cierto, ¿dónde está tu hermano? —preguntó Wendy de repente, refiriéndose a Mauro Santillán.
Desde la boda, no había vuelto a ver ni a Mauro ni a Adriana Ventura. Parecía que se habían desvanecido junto con Dante Santillán.
César soltó una risita, mirándola con curiosidad.
—¿Por qué preguntas por mi hermano así de la nada?
—Por nada, solo es curiosidad. Después de todo, es tu hermano y ni siquiera fue a tu boda. Además, no los he visto en todos estos días. ¿Dónde están ahora?

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