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Un Adiós y Un Arrepentimiento a 30,000 Pies de Altura romance Capítulo 12

Natalia cruzó los brazos y miró a Ofelia con una mezcla de sorpresa y burla. —¿Hoy no tienes miedo de que tu maridito se enoje? Te atreviste a venir hasta acá.

—Me voy a divorciar —soltó Ofelia.

—¿Qué?

Aunque la música del bar estaba a todo volumen, ambas escucharon perfectamente y quedaron en estado de shock.

—¿Escuché bien? —Laura abrió los ojos de par en par.

—¿Por fin abriste los ojos? —preguntó Natalia.

Había sido su mejor amiga durante cinco años y sabía perfectamente cómo era Ofelia.

Si no hubiera tomado una decisión firme, jamás lo habría dicho en voz alta.

—Sí —asintió Ofelia, decidiendo ocultarles los detalles de la apuesta—. Es mejor terminar antes de que haya niños de por medio. Será lo mejor para ambos.

—Feli, te apoyo al cien por ciento. Siempre supe que ese Adrián Caballero es una basura, un picaflor que se hace el lindo con todas y que solo te está arruinando la vida.

A Laura nunca le había caído bien Adrián; siempre creyó que él solo había truncado el futuro de Ofelia.

Después de todo, Ofelia había sido un verdadero genio médico. A los 20 años obtuvo un doble doctorado en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, y sus tesis fueron publicadas repetidas veces en las revistas internacionales más prestigiosas.

A los 22 años completó sola una cirugía de tumor cerebral con una tasa de éxito menor al 5%.

En ese entonces, los mejores hospitales se peleaban por ella, pero ella prefirió ser médica de la aerolínea solo por Adrián.

Fue una lástima para todos los que conocían su potencial.

Natalia tomó un sorbo de whisky y le preguntó: —¿Quieres que hable con Hugo Ponce para que te prepare los papeles del divorcio?

—No hace falta —negó Ofelia.

La firma de abogados de Hugo manejaba algunos negocios con la familia Caballero; no quería meterlo en un problema de intereses.

—¡Bueno, dejemos de hablar de eso! ¡Vengan, brindemos por mi futuro regreso a la soltería! ¡Esta noche no nos vamos hasta que no podamos más! —Ofelia alzó su copa hacia ellas.

—¡Claro que sí! En cuanto firmes los papeles, te conseguimos a un guapetón enseguida —gritó Laura.

Para hacer sentir mejor a Ofelia, sus amigas tomaron a la par con ella, como si no hubiera un mañana.

Quizás para desahogarse de todo lo que llevaba dentro, Ofelia tomó tanto que se sintió mareada.

Y también con mucha urgencia de ir al baño.

—Voy al baño.

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