La dulce voz de Sofía sonó al otro lado de la línea. Ofelia colgó la llamada sin dudarlo.
A esas altas horas de la noche, un hombre y una mujer a solas... Era imposible no pensar mal sobre lo que estaban haciendo.
Además, a Adrián nunca le había gustado que tocaran su teléfono. Ni siquiera ella tenía permitido hacerlo.
Pero Sofía era la eterna excepción.
Si no se hubiera cruzado con Thiago hoy, Ofelia jamás habría descubierto el verdadero motivo por el que Adrián se casó con ella.
Sintiéndose estúpida por la humillación que acababa de pasar al llamar, Ofelia sonrió amargamente. Acto seguido, borró definitivamente el número que se sabía de memoria.
¡Era hora de despertar de ese sueño!
—Feli, ¿a quién llamabas? ¿A Adrián? —preguntó Natalia, apoyando el mentón en la mano con actitud perezosa al ver que Ofelia regresaba tan pronto.
—No —Ofelia respiró hondo, negándolo—. ¿Hugo va a venir por ti?
—Está de viaje de negocios —La fugaz tristeza en los hermosos ojos de Natalia desapareció tan rápido que Ofelia ni siquiera lo notó.
Laura se apoyó en ella, arrastrando las palabras por el alcohol. —Feli, no sigas amando a ese idiota de Adrián. De verdad, no vale la pena.
—Está bien. Te haré caso.
Una vez que tomaba una decisión, aunque su corazón aún lo amara, no daría marcha atrás.
Ofelia acompañó a Laura y a Natalia a sus casas antes de tomar un taxi de regreso.
Al llegar, la casa estaba a oscuras.
Adrián aún no había vuelto.
¡Lo más seguro es que pasara la noche en casa de Sofía!
Solo de pensar en todas las noches en que Adrián usaba esa excusa para estar con Sofía y hacer sabe Dios qué, Ofelia sentía ganas de vomitar.
¡Eran asquerosos!
Estaba a punto de dirigirse a su habitación, cuando, de repente, una mano la jaló hacia un pecho fuerte.
—¿Dónde estabas? ¿Por qué llegas tan tarde?
Adrián la abrazó por la espalda, exigiéndole respuestas. Su voz dejaba entrever una mezcla de furia y contención.
—No te importa. —Ofelia intentó zafarse del agarre de Adrián, mientras una oleada de asco le subía por la garganta.

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