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Un Adiós y Un Arrepentimiento a 30,000 Pies de Altura romance Capítulo 137

¿Despedirla?!

A Sofía se le nubló la vista, las piernas le temblaron y por poco termina en el suelo.

¡Había movido cielo y tierra para que Adrián le consiguiera ese puesto en la aerolínea, todo con el propósito de poder estar más cerca de él! ¡No podía permitir que la echaran así como así!

Sollozando con la delicadeza de una rosa a punto de marchitarse, se secó las lágrimas y levantó el rostro hacia Adrián, con una mirada conmovedora y llena de desamparo.

—Adrián, yo sé que estuvo mal ocultarlo... pero mi bebé no tiene la culpa. No quiero que te busques problemas por mi culpa, aceptaré lo que la empresa decida.

El espectáculo melodramático frente a ellos hizo que los directivos, encargados de ejecutar el despido de Sofía, se miraran con dudas.

Tal vez los demás empleados no lo sabían, pero ellos tenían muy claro quién era Adrián Caballero y el peso de su apellido.

Con solo ver la intimidad de la escena, quedaba más que evidente que la relación entre la azafata y el Capitán no era estrictamente laboral. ¡Ni locos se iban a atrever a ofender al heredero de los Caballero!

Adrián le dio un par de palmadas torpes en la espalda y, suavizando el tono, intentó tranquilizarla.

—No te preocupes. Mientras yo esté aquí, nadie te va a despedir.

Se colocó frente a ella a modo de escudo y barrió con una mirada pesada y amenazante a los directivos.

—Cualquier sanción que no haya pasado por mi escritorio y mi autorización, no tiene validez.

—Pero, Señor Caballero, este embarazo supone un riesgo gravísimo de seguridad...

—El bebé es mío.

Las palabras cayeron como un yunque. Un silencio tan denso que se podía escuchar el vuelo de una mosca se apoderó de la oficina.

De improviso, una sombra irrumpió en el pasillo, un puño cortó el aire y se estrelló de lleno contra el rostro de Adrián.

El impacto lo lanzó al suelo.

—¡Maldito infeliz! ¡¿Cómo te atreves?! ¡¿Acaso no tienes un poco de respeto por ella?!

El Capitán Fabio Vargas rugió fuera de sí, apuntando a Adrián con el dedo.

Ambos sabían perfectamente quién era "ella", aunque ninguno hubiera pronunciado el nombre de Ofelia en voz alta.

—¡Adrián!

Sofía lanzó un grito y corrió a tirarse al suelo para ayudarlo a levantarse.

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