—¡Pues claro! —dijo Lily mientras buscaba ropa limpia en su maleta. Caminó hacia el baño, viéndosele la curiosidad en la cara—. Por cierto, ¿qué vas a hacer con Henry?
Amelia soltó un suspiro sin poder hacer nada.
—Le acabo de hablar. El ruido que se escuchaba daba a entender que pasó la noche con otra mujer. Ya no quiere salir con nosotras hoy.
Lily se detuvo justo antes de entrar al baño. Se le formó una arruga en las cejas y su cara se puso complicada.
—Pensé que era diferente —dijo—. Parece que no. ¿A poco todos los del medio artístico son así? Traen la vida personal muy revuelta. Te tienes que mantener lejos de él; no es nada formal.
Amelia no pudo evitar reírse, aunque le salió con flojera. Volvió a suspirar:
—Nunca pensé en acercarme a él. Solo que no me acuerdo quién me andaba diciendo al oído que hiciera el intento.
Lily se rio con pena. Sacó la lengua y rápido se metió al baño.
—¡Ay, uno se equivoca! ¡Me voy a bañar!
Ya sin Henry de por medio, a Tim de verdad que le regresó el buen humor. Se encargó de las cosas de inmediato y mandó conseguir una camioneta grande y fuerte. Estaba listo para un viaje en carretera rápido. En la entrada del hotel todos se juntaron, con las maletas listas para irse. Tim se ofreció a manejar primero y se subió al asiento del chofer.
Lily hizo lo de siempre: abrió la puerta de atrás, pensando en irse con Amelia. Pero antes de que se pudiera meter bien, una voz de hombre fría la detuvo:
—Vete adelante —dijo Mason tranquilo. Había aparecido junto a la puerta del vehículo sin que nadie se diera cuenta.
Lily se quedó quieta y señaló al asiento del copiloto.
—¿Eh? ¿Pero no estaría mejor que te fueras adelante a platicar con Tim?

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