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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 363

Los hechos posteriores le dieron la razón a Lily en ambas sospechas: Ethan jamás había superado a la mujer de su pasado y, con ella, era incapaz de encender la chispa.

Ahora, al escuchar el mismo diagnóstico de labios de su amiga, las inseguridades de Amelia crecieron sin control. Observaba la preocupación en los ojos de Lily y entreabría los labios sin lograr articular palabra. ¿De verdad tenía tan mala suerte como para salir de un pozo solo para caer en una trampa idéntica? ¿Acaso Mason resultaría ser igual que Ethan?

A Amelia se le llenaron los ojos de lágrimas. A Lily se le encogió el corazón y se reprochó haber hablado sin pensar; borró de inmediato cualquier atisbo de burla, le tomó las manos heladas y suavizó el tono:

—Oye, no te me vayas por ahí. Solo estaba tanteando el terreno, fue una suposición al aire. Tranquilízate y piénsalo con la cabeza fría: ¿de verdad te parece que Mason y Ethan están cortados por la misma tijera? Nada más míralo: la estatura que se carga, su complexión, el porte que tiene al entrar a cualquier lugar. ¿Tiene trazas de ser un hombre con problemas? Ese sujeto derrocha energía y seguridad por los poros, no tiene un pelo que ver con Ethan.

Aunque las palabras de su amiga eran algo toscas, tuvieron el efecto deseado: Amelia no pudo evitar evocar la imagen de Mason, convenciéndose de que eran como el agua y el aceite.

—Quizá... tal vez solo me estoy haciendo ideas en la cabeza.

—Pues claro que te estás haciendo ideas raras —insistió Lily con firmeza—. Piénsalo bien: pasaron años separados, apenas se están reencontrando y acaban de formalizar la relación. Un hombre con ese temple y ese autocontrol probablemente siente que todavía no es el momento adecuado y no quiere espantarte, por eso se frena.

La explicación de Lily sonaba sumamente lógica y los pensamientos desbocados de Amelia comenzaron a serenarse un poco.

—Pero... ¿y si de verdad tiene ese problema? Si me quedo esperando de brazos cruzados, me voy a volver loca.

—¡Exactamente! Por eso no puedes quedarte sentada esperando a ver qué pasa; tienes que tomar la iniciativa.

A Lily se le encendió la mirada y se inclinó hacia el oído de Amelia para soltarle en confidencia:

—Esta noche déjate de rodeos y lánzate al ruedo. Ponlo a prueba tú misma y te quitas de dudas de una vez por todas.

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